martes, 26 de enero de 2016

DOBLE PLETINA

Hubo un tiempo en el que la música era tangible, casi se podía toca. Llegaba del colegio y encendía la radio. Por entonces ya me gustaba Radio 3. En su programación había música de todo tipo, pero siempre poco convencional. Algunos de sus programas Discópolis, Fluido rosa, Diario Pop, Sateli 3, El Ambigú, Peligrosamente juntos, Siglo 21, Trópico utópico, eran realmente magníficos. Fernando Delgado, Diego Manrique, entre otras, daban nombre a unas voces que se hicieron familiares. Fueron años escuchando Radio 3, el montante de horas sería montañoso. Durante ese tiempo aprendí a apreciar la música, pero sobre todo aprendía disfrutarla. La música, como cualquier otro arte, ya sea pintura, escultura, literatura, etc., se tiene que educar para poder comprender y llegar a disfrutar. Puedes estar delante de un Velazquez, un Picasso o un Pollock y no lograr disfrutar de esa obra de arte por falta de conocimientos y educación artística. Lo mismo sucede con un libro. Las páginas que para unos son un verdadero tedio, para otros son un deleite. Sucede con Don Quijote de la Mancha de Cervantes o con Ulises de Joyce o con La broma infinita de Foster Wallace, por poner tres grandísimos ejemplos de diferentes épocas. Apreciar y disfrutar la música de Chaikovski, Rossini, Verdi o Bach, requiere una preparación y asimilar una serie de ideas y conceptos. Lo mismo sucede con los Pixies, Suede, New Order o Joy Division.

En aquella época la música se escuchaba en cinta, también conocido como casete. Una cinta original comprada se podía grabar con una radio de doble pletina. En una pletina se colocaba la original y en la otra la cita virgen. En la primera presionabas el “PLAY” y en la segunda en botón rojo de “REC”, grabar. Primeras confirmaciones de que el inglés servía para algo. Ambas cintas comenzaban a girar. Esa era la fórmula. Las típicas cintas vírgenes para grabar eran TDK, SONY y BASF, de 60 y 90 minutos. Esto quería decir 30 minutos por cada cara (A y B) en las de 60; y en las de 90 minutos, 45 por cara. También había de 46 y 120 minutos, pero eran menos comunes. Todas las cintas vírgenes eran “regrabables”, una ventaja, y además tenía un papel plegado y listado para escribir un índice de tus grabaciones. La cinta venía acompañada con unas pegatinas que se colocaban en cada cara (A y B) y servían para escribir encima el nombre del grupo o la grabación que había en esa cara, que no siempre era el mismo que en la otra. Aquí estaba en juego tu habilidad estilográfica para lograr un vistoso resultado.

Uno truco muy extendido era la utilización de un bolígrafo “Bic” para rebobinar manualmente, algo imprescindible. Otro era el celo, me refiero a la cinta adhesiva, no al instinto animal. Colocado en la parte inferior de una cinta con las pestañas rotas o para grabar sobre cintas originales, también formaba parte del instrumental necesario del grabador de cintas magnéticas.

Otra forma de grabar era directamente de la radio. Algunas de mis mejores grabaciones están realizadas gracias a programas de Radio 3. Escuchaba la sintonía de inicio y tenía la cinta virgen preparada con el dedo en el “REC”. El presentador solía alargarse demasiado. Comenzaba a hablar de una canción y del grupo mientras sonaba la música de fondo. Cuando dejaba de hablar le daba al “REC” y estaba muy atento a parar la grabación antes de que el comentarista hablara de nuevo. Las canciones solían cortarse unos segundos al principio y al final, pero la esencia se mantenía. No había otra forma. Después daba al “PLAY” para que avanzase la cinta dos o tres segundos, el espacio temporal que separaba las canciones, y volvía poner el dedo sobre “REC”. Esperaba a ver si la siguiente canción me gustaba. Si no era mi agrado, no grababa. Espera a la siguiente canción. Recuerdo que llegué a grabar programas enteros de Radio 3. Todas las canciones me gustaban, una detrás de otra. Llegó a no molestarme los comentarios del locutor. Incluso todo lo contrario, en muchas ocasiones eran aclaraciones o explicaciones muy interesantes. Otra grabación curiosa que solía realizar era grabar mi propia voz o la de mis padres o hermanos. Después nos escuchábamos y todos se quedaban parados al ver lo extraño que sonaban nuestras propias voces grabadas, eran voces desconocidas, como de otra dimensión. En cambio, la voz de los otros nos parecía normal. Era otros tiempos, otras sensaciones.


martes, 19 de enero de 2016

EL PODER DEL BESO

Los besos forman parte de ciertas funciones sociales, pero sobretodo me interesa el concepto romántico del beso, porque es ahí donde aflora el verdadero sentimiento del amor. Hay que distinguir el beso social, el beso sexual y el beso de enamorados. Las primeras historias donde aparece el beso romántico, que suelen representar a unos amantes desdichados que rompen las restricciones de la sociedad, son los relatos, leyendas y canciones de trovadores medievales, basadas en la caballerosidad y el amor galante. Anteriormente Platón, Homero, Catulo y otros escritores de la antigua Grecia y la vetusta Roma ya hacían referencia al beso en sus narraciones, pero no de forma enteramente romántica. Así pues, el beso romántico en los labios viene de las tradiciones medievales de amor cortés. Está impregnado de amor verdadero y es una acto conspirativo contra el cortejo pactado y el amor convenido. Incluso hoy, la traición y la infidelidad comienzan con un beso. Después sexo, pero nunca al revés. Por lo tanto, el origen del beso verdadero podría nacer de ese sentimiento de libertad ante las prácticas nupciales y amorosas establecidas que existían en tiempos pretéritos. 

Un ejemplo de beso romántico lo narra Shakespeare en su Romeo y Julieta. Todos conocemos la trágica historia de amor imposible entre dos enamorados que pertenecen a familias distintas e irreconciliables. Julieta dice:  “Ahora tienen mis labios el pecado que han tomado de los tuyos”. A lo que Romeo responde: “¿El pecado de mis labios? ¡Dulce reproche! Devuélvemelo”. Desde el principio, el beso y el “amor desdichado” van de la mano. Acaso esa sea la única posibilidad para el amor verdadero: quizá pecaminoso, como dice Julieta, pero irresistible. Hoy en día encontramos este mensaje implícito en todas las historias de la cultura de masas, desde las películas hasta las novelas superventas. El poder del beso furtivo para cambiar la vida de la gente nos empuja inexorablemente a besar. 

Besar se ha convertido en la acción romántica por excelencia. ¿Hay algo más romántico que dos personas abrazándose, mirándose a los ojos y, como colofón de ese momento romántico, besándose en los labios? En ese instante, el beso transporta a los amantes a otro nivel de la existencia, muy por encima de lo mundano. El beso sigue siendo una acción de amor subversiva, y tiene un gran significado, pues provoca una compleja serie de reacciones químicas que potencian los sentimientos románticos y hacen que los actos físicos, como las relaciones sexuales, sean mucho más significativos e íntimos. El beso es, en pocas palabras, un “elixir” embriagador. A fin de cuentas, el romance es un ideal, una parte de la forma en que fantaseamos sobre el mundo. Todos desean vivir una gran historia de amor, aunque puede que nunca llegue. El beso concierne a lo ideal, no a lo real. El beso tiene un enorme poder: durante unos instantes suspende la realidad y el mundo se vuelve perfecto. Cuando funciona, hace añicos lo cotidiano, nos olvidamos de las banalidades que constituyen el día a día. Dichoso acto.


"Le baiser de l'Hôtel de Ville", fotografía de Robert Doisneau.

martes, 12 de enero de 2016

LA INFANTA Y EL GUISANTE

En un país muy, muy, muy cercano, vivía una bella infanta de dulce sonrisa y tierno corazón. Su cabellos de oro eran la luz que iluminaba el reino de su padres, los reyes. La hermosa infanta tenía un hermano mayor, el apuesto príncipe del reino, y una hermana, otra bellísima infanta pero con menos encanto que ella. Los tres hermanos vivían muy felices, pasaban largos veranos en su palacio cercano al mar y los inviernos se divertían jugando en las montañas con la nieve. El rey, aficionado a la caza, ejercía su mandato con rigor y nobleza. La reina, figura discreta, destacaba por su elegancia y su buen hacer. Todos sus súbditos vivían alegres, los vítores del pueblo surgían al paso de tan querida familia real.

Un día, la bella infanta encontró un pretendiente. Se trataba de un apuesto caballero de noble linaje. La boda real se celebró por todo lo alto. El pueblo, encandilado por la majestuosa estampa que formaba la pareja, festejó con alegría y alborozo el casamiento durante tres días y tres noches. La nueva pareja real se fue a vivir a una ilustre casa y tuvieron varios hijos de noble linaje. Mientras tanto, la bella infanta y su marido se ganaban la vida honradamente colaborando en mejorar la sociedad mediante obras benéficas y la organización de eventos públicos ventajosos para sus súbditos. Eran todo un ejemplo de laboriosidad y ofrecimiento altruista. Una noche, antes de irse a dormir, unos de los preciosos hijos de la bella infanta colocó un guisante bajo del colchón de su padres. A la mañana siguiente el niño se sorprendió al ver que sus reales padres se levantaron como si nada, incluso los veía más alegres que nunca. No lo entendía, las personas de sangre real no pueden dormir con un guisante bajo el colchón porque son de piel muy delicada y sensible, él lo había leído mil veces. Ese día, tanto su padre como su madre recibieron visitas de personas importantes. Cuando sus padres se quedaron solos abrieron una botella de champán a modo de celebración. Esos encuentros se repitieron durante meses, los mismos meses que el guisante permaneció bajo el colchón sin crear ningún efecto negativo en los reales padres. Decepcionado por el resultado, el hijo real decidió quitar el guisante de su lugar. Pero entonces sí sucedió algo, las celebraciones dejaron de sucederse y la alegría que irradiaban sus reales padres, sobre todo su madre la infanta, fue menguando paulatinamente. Seguían recibiendo visitas, pero después, sus semblantes eran serios. La alegría que antes fluía por la ilustre casa se había convertido en una nube de pesimismo. Una mañana los dos se fueron y no volvieron hasta el día siguiente. A los pocos días el padre desapareció durante una larga temporada, motivos de trabajo, decía la madre e infanta del reino. Su ilustre casa fue vendida y se trasladaron a otra más modesta. La infanta se sumió en una depresión que la mantuvo encerrada en su cuarto durante meses. Sus hijos no alcanzaban a comprender la situación. 

El mismo niño que había colocado el guisante bajo el colchón de sus padres hace mucho tiempo, pensó en volver a colocarlo de nuevo. Su infantil razonamiento fue el siguiente: desde que quité el guisante mi noble madre está muy triste y hace una eternidad que no veo a mi padre. Pensó que si volvía a colocarlo bajo el colchón todo volvería a ir mejor, la alegría brillaría una vez más en la cara de su madre y su padre volvería de ese trabajo que tanto tiempo lo mantenía alejado de casa. Y así lo hizo, una mañana colocó de nuevo el guisante bajo el colchón de su madre. Al día siguiente no sucedió nada. Extrañado esperó unos días más. Decepcionado al ver que su madre continuaba derrumbada y su padre no aparecía decidió renegar de sus padres. Se dio cuenta que sus padres lo había engañado durante toda su vida. Y colorín colorado…

martes, 5 de enero de 2016

NO LO DIGO POR ACOJONAR

El 2016 promete ser un año divertido. El paro, principal preocupación desde hace años (más de los deseable), seguirá en tasas abrumadoramente altas. Si eres una de las personas que lleva en paro una temporada, el año que viene lo tendrás crudo. No lo digo para acojonar, simplemente es la realidad que a veces no queremos ver. Por el contrario, si durante este próximo año entras a formar parte de ese veintitantos por ciento de parados ya puedes ir rezando, que diría la beata del lugar, pues lo tendrás dificilillo para volver a cotizar a la Seguridad Social. Tampoco lo digo para acojonar, ni soy un gurú de pacotilla, a los datos me remito. Y hablando de Seguridad Social, me sorprende, con la que está cayendo, que la sanidad no sea un tema de preocupación más acuciante. Se ve que a la gente le preocupa más los partidos políticos y la política que su propia salud, paradoja ininteligible. Vamos que puedes estar con el hígado reventado o el riñón para el arrastre que lo más importante es que los políticos y la política en general sea llevadera. Perdonen la expresión, pero hay que ser necio. 

Por encima de la política nos preocupa aún más la corrupción y el fraude. Se supone que en estamentos públicos (políticos, funcionarios, etc.), porque en los privados allá se las compongan, pensarán muchos. La justicia actuará si los pillan, y si no lo hace, a mi no me afecta. Y aquí surge otra equivocación, porque en la mayoría de las ocasiones los problemas corrupción de cargos públicos están íntimamente ligados con los negocios privados, tan privados como sus propios bolsillos o los de su familia o colegas. Parece evidente que los problemas de corrupción son inseparables de la política. Esta percepción tiene un gran porcentaje de españoles, por qué será. 

La educación, que a mi humilde entender tendría que ser el primero de los problemas, ha pasado a ocupar un discreto puesto. Después de lo armado por Wert y su partido en materia de educación es incomprensible, que flaca es la mente y que instintivo es el ser humano. La educación es la base de la convivencia, el desarrollo y el bienestar. Un pueblo educado es un pueblo dichoso, crítico, respetado y respetuoso. Este es un largo camino y todavía estamos en los primeros tramos. Tampoco lo digo por acojonar, pero si los recortes han pasado a ser algo insignificante o poco importante para la inmensa mayoría como dicen las encuestas, mal andamos. Ni sanidad ni educación, quien la quiera que la pague y mientras tanto que viva la privatización amparada por la corrupción.

Algo que parece positivo es la poca importancia que se da al terrorismo. Al parecer somos valientes o quizás insensatos, quién sabe. La vivienda y las pensiones también son asuntos que tienen poca relevancia en nuestras preocupaciones, curioso dato. En cambio, la inmigración nos preocupa más, pero bastante lejos de la violencia contra la mujer. Me pregunto si seguimos siendo una sociedad machista o por el contrario profundamente igualitaria. Por cierto, algo que me choca es la preocupación por la inmigración y la nula inquietud por el racismo. Tal vez no seamos ni machistas ni igualitarios, sino esperpénticos, mirando el panorama creo que voy bien encaminado. Y hablando de esperpentos, los nacionalismos ocupan una posición bastante discreta en los problemas del conjunto de país. Así lo creemos, que no quiere decir que así lo pensemos. Los desahucios nos preocupan muy poco y eso que hay algunos que claman al cielo todavía. Lo mismo sucede con la subida del IVA, lo que fue un estruendo se ha quedado en un canto coral en “mi" menor.

Me he nutrido de datos publicados por el CIS. Las mayores preocupaciones con diferencia son el paro, la corrupción y la economía. El año 2016 será de lo más entretenido, si sobrevivimos, claro, y no lo digo por acojonar.

martes, 22 de diciembre de 2015

HIPÉRBOLE NAVIDEÑA

Un año más se acerca la Navidad. Tan entrañables fechas son la guinda que tantas alegrías proporcionan a los niños. Durante un mes y medio la emoción va in crecendo hasta vernos inundados por un sin fin de adminículos navideños. Calles engalanadas con chillonas luces de colores, anuncios de juguetes cada segundo en todas las cadenas de televisión, árboles de Navidad iluminados en cada plaza y en cada casa, belenes en cada tienda y en cada casa, Papa Noel en cada centro comercial, turrones, mazapanes, cava, panettones (últimamente), abundantes e indigestas cenas de empresa y familiares, cabalgata de reyes, típicas películas de Navidad y cuentos, y hablando de cuentos, haré un pequeño repaso de los relatos navideños más célebres y de algún otro menos conocido, pero muy interesante.

El relato que se lleva la palma es Canción de Navidad (Charles Dickens), se trata del clásico por excelencia, en el que los fantasmas de la Navidad tratan de infundir al avaro señor Scrooge el espíritu navideño. La pequeña cerillera  (Hans Christian Andersen), cuento con trágico final que narra la historia de un niña sin hogar que va encendiendo todas sus cerillas durante la última noche del año. El cascanueces y el rey de los ratones (E. T. Amadeus Hoffmann), la historia trata sobre el nuevo juguete de la joven Marie Stahlbaum, el Cascanueces, recibido la noche de Navidad que cobra vida y, después de derrotar al Rey Ratón tras una dura batalla, la lleva a un reino mágico poblado por muñecos. Navidades trágicas (Agatha Christie), novela de misterio ambientada en época navideña. Una cruenta muerte será resuelta por Poirot. Las cartas de Papá Noel (J. R. R. Tolkien), es una recopilación de las cartas que el conocido escritor escribió a sus hijos simulando ser Papá Noel. Narra sus aventuras y las de sus ayudantes en el Polo Norte. Un cuento navideño (Truman Capote), se trata de una narración autobiográfica en los años 30, y que ahonda en la alegría de la época navideña. Nochebuena, (Nikolay Gógol), traza un cuadro de costumbres enmarcado en vísperas de Navidad en un pueblecito ucraniano. La mula y el buey (Benito Pérez Galdós), narra un misterioso y mágico relato donde unos padres pasan por el terrible trance de perder una hija y padecen el remordimiento de no haberle regalado una mula y un buey. Maese Pérez el organista (Gustavo Adolfo Bécquer), enigmática narración ambientada en Nochebuena en la que maese Pérez es un anciano ciego de nacimiento de 76 años de edad y poseedor de un don especial para tocar el órgano. No poseía amigos y solo tenía una hija. Era un hombre solitario y austero que no tenía mucho dinero, pero hacia todo lo posible por compartirlo con los más desfavorecidos. Dos cuentos de Navidad: El árbol de Navidad y una boda y El niño de la manita (Fiódor Dostoyevski), son una perfecta muestra del espíritu de las mejores novelas del escritor ruso en los que podemos apreciar un profundo sentimiento en defensa de los más vulnerables.

¡Felices fiestas!

martes, 15 de diciembre de 2015

EL PROGRAMA ELECTORAL

El día veinte de diciembre hay elecciones generales. Me da una enorme pereza tratar estos temas, sobretodo cuando los medios de comunicación nos bombardean constantemente sobre las elecciones. Los excesos no son buenos. Para bien o para mal me he dejado arrastrar por esta vorágine contaminante, pero antes de nada me gustaría establecer unas bases que creo es conveniente tener claras para situarnos. Iba a escribir “históricamente” como si fuera algo perteneciente al pasado, pero se puede escribir “actualmente”. Por raro que parezca, si miramos a nuestro alrededor, es lo que hay. Me refiero a las diferentes formas de gobierno que existen: 
- Monarquía: gobierno del más noble con la aceptación del pueblo y el respeto a las leyes.
- Tiranía: el que gobierna se hace con el poder por la fuerza y gobierna sin respetar las leyes.
- Aristocracia: gobierno de los mejores y el mejor linaje.
- Oligarquía: gobierno de los más ricos.
- Demagogia: gobierno de todos sin respeto a las leyes, prevalece la demagogia sobre el interés común. La demagogia consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.
- Anarquía: gobierno sin estado bajo un sistema de asociación voluntaria con ausencia de poder público y dentro de unos ideales de no-agresión.
- Democracia: gobierno de todos según la leyes. El poder político es ejercido por todos lo ciudadanos, la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes.

Ustedes juzguen el tipo de gobierno que tenemos o parece que tenemos, y lo digo sin acritud. Tanto si está claro como si no, quién o qué nos gobierna, el día veinte tenemos la posibilidad de votar. Esta es la única evidencia que puede indicarnos el tipo que gobierno que tenemos. El resto de días hasta las próximas elecciones podemos llegar a pensar que de la noche a la mañana nos encontramos inmersos en una oligarquía-tiránica-monárquico-demagógica y hasta aristocrático-anárquica. Por lo tanto, si alguien tiene dudas, es absolutamente necesario votar.

Una vez está decidido ir a votar, me atrevería a decir que el resto es casi secundario. La verdadera razón de la democracia y la libertad es poder votar, y aquí si puedo decir que este es un avance histórico. Ahora bien, cada uno de los partidos políticos que se presentan para gobernar tiene su propia ideología: derecha, izquierda y centro. Lo de centro, particularmente no sé como definirlo, es algo que ignoro. Parece algo así como que soy tan poroso que por mis poros entra y sale de todo. De hecho, esta porosidad es cada vez más acusada en todos los partidos políticos. Quizá sea el futuro, quién sabe.

Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que lo primordial es votar, creo que para decidir a que partido se vota es necesario conocer el programa de cada partido. Junto con la carta propagandística que nos envían a casa deberían adjuntarlo, y si es muy largo, resumirlo en dos o tres folios. Puntos concretos y claros. Tendríamos que tomarnos la molestia leer el programa electoral de cada partido (o al menos de cuatro o cinco partidos de diferentes ideologías) y así poder evaluar qué programa se adapta más a lo que tu esperas del futuro gobierno. Es curioso, lo que parece lógico se intenta ocultar o al menos no se facilita. Es más, el programa debería ser el salvoconducto del partido que acabe gobernando, si no cumple en un 80% por ciento ese programa, como mínimo, tendría que apartarse del gobierno y convocar elecciones para que gobierne otro partido más capaz. Es algo razonable, si asumes la gestión (en este caso de un país entero) y no cumples con los criterios que prometiste, no queda otra que largarte por incompetente o mentiroso. De esta manera nos evitaríamos vendehumos y negligentes en el gobierno, que los hay y muchos. También sería una manera de equilibrar las opciones entre partidos candidatos a gobernar. Los partidos que tienen detrás medios de comunicación y bancos son los que llegan más al gran público y son los que siempre ganan. Por lo tanto, a estos partidos poderosos no les interesa que se presente un programa y que cada votante lo lea y en función eso (y solo de eso) se vote. Les interesa salir en los medios hablando mal de los otros y vanagloriándose ellos mismos. Cuanta vanidad y cuanta mentira.

Ya que no envían a casa el programa, en la web de los partidos se puede ver su programa o al menos un esbozo. Recomiendo leer el de varios partidos para los que tengan esta posibilidad. Es un engorro, pero creo que es necesario para que cada uno se forme su propia idea y vote con conocimiento de causa sin la influencia de los medios de comunicación y opiniones partidistas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

MEJOR LA VOZ

Desde hace ya algún tiempo los smartphone nos permiten comunicarnos a través de video-llamadas (llamadas con imagen). Un sueño hecho realidad. ¿Quién lo hubiera imaginado hace tan solo unos años? Y cuando digo unos años me refiero a unos diez años, como mucho quince, eso no es nada. Todos los que rocen la cuarentena o la hayan rebasado saben por propia experiencia de lo que hablo. Aquella concepción de la comunicación era futurista, y ahora, es presente. Pero, ¿qué ha sucedido para que aquel codiciado futuro se diluya ante nuestros ojos? Múltiples explicaciones nos podrían dar una respuesta convincente. La primera y obvia es el dinero, las video-llamadas son más caras que las corrientes llamadas de voz. Es cuestión de transmisión de datos. Transmitir una voz son muchos menos datos digitales que trasmitir una imagen en movimiento más voz. El aumento de precio es hasta cierto punto lógico. No es lo mismo transportar doscientas cajas de naranjas que mil cajas de naranjas, de necesitar un camión pasamos a dos o tres, depende de la capacidad del camión. Y aquí está la cuestión del asunto, me refiero al precio de las video-llamadas, “la capacidad del camión”. Todos somos capaces de evaluar la capacidad de carga de un vehículo, pero en el mundo virtual todo es muy suigéneris. ¿Cuánto es mucho o poco? En el mundo digital o informático lo que hace diez años era mucho, hoy en día es irrisorio. Transmitir cien kabytes era un tremendo éxito que parecía conseguirse tras un gran esfuerzo de investigación y cientos de conexiones muy costosas, hoy en día cien kabytes es literalmente ridículo. Y no digamos si hablamos de bytes, tan en boca de todos hace unos años y hoy relegados al pasado más prehistórico, desde el punto de vista informático, claro está. Por lo tanto, el precio de las video-llamadas debería ser algo asumible por cualquier usuario de teléfono móvil. 

Este no es, ni de lejos, la principal causa para que no hayan cuajado las video-llamadas entre la población. La causa primordial apareció tras comenzar a utilizar esta nueva posibilidad de comunicación. De repente se dieron cuenta con alarma que su intimidad estaba siendo violada. Con la llamada simple de voz aparentabas mostrar atención con el otro interlocutor mientras te preparabas la cena o repasabas una revista o te cambiabas de ropa o te petabas los granos de la cara o incluso mientras miccionabas. Esta dualidad desaparecía con la video-llamada. El hecho de aparecer en la pantalla y que el otro pudiera verte implicaba tener que prepararte para que te viera bien, o al menos como tú quieres que te vean. La vanidad entraba en juego, todos queremos aparentar una cierta imagen. Esto provocaba un estrés emocional cada vez que tenías que llamar o cada vez que recibías una llamada. Era como si llamaran a tu puerta y estuvieras en pijama y despeinado y te vieras obligado a acicalarte rápidamente antes de abrir. La situación era similar: sentías el tono del móvil y como te cogiera en casa o en alguna circunstancia o lugar que el otro (el que llama) no te pareciera adecuada, te veías envuelto en una vorágine de transformación del imagen y del entorno que realmente te angustiaba. Imagínate una llamada de tu compañero de trabajo a las nueve de la noche cuando estás en casa repanchigado en el sofá. Lo fácil que es utilizar solo la voz y mostrar toda la atención que quieres aparentar mientras estás tirado en pijama y mirando las televisión. En cambio, una video-llamada implica tener que transformarte y aparentar físicamente tu imagen del trabajo. Antes de contestar vas volando al lavabo y te peinas lo mejor que puedes, luego vas a tu cuarto y te pones una camisa, los pantalones no hacen falta porque no se ven, pero mucho cuidado de no mover el encuadre, podrían salir los pantalones del pijama, sería un enorme ridículo. Buscas un fondo adecuado que quede bien, no quieres que se vea el desorden casero. Te colocas junto a la ventana y descuelgas estresado después de tres carreras. La conversación, que posiblemente se podía haber pospuesto para el día siguiente en la oficina, pasa sin pena ni gloria y cuelgas de una vez. Vuelves a ponerte el pijama y te repanchigas en el sofá. La televisión es mediocre a más no poder. Decides ponerte el siguiente capítulo de la serie que ahora te tiene enganchado. A los diez minutos de estar disfrutando de las veleidades de Don Draper y compañía, vuelve a sonar el teléfono. ¡Hay que joderse!, ¡otra vez el compañero de trabajo!, ¿qué cojones querrá ahora? Otra vez a la carrera. Pones pausa en la serie, el niño pequeño empieza a dar la lata y no quiere irse a dormir, vas corriendo de nuevo al lavado para peinarte y acicalarte lo justo para dar una imagen adecuada. Rápido a tu cuarto, te pones la camisa, el pantalón del pijama te lo dejas, cuidado con el encuadre. Vas hasta la ventana de antes y descuelgas. “Hola Alfredo, ¿otra vez?”, dices disimulando el malestar que te ha generado la llamada. “Anda, pero…, lo siento, me he confundido, no quería llamarte”, dice. La terrible molestia de tener que prepararte para contestar por segunda vez, sumada al cabreo que se desata en tu interior por la equivocación de ese compañero de trabajo, hace que estés a punto de lanzar el teléfono móvil por la ventana que tienes justo detrás de ti. Con una sublime contención de tu cuerpo y tu mente logras despedirte de Alfredo con las palabras adecuadas. Pero estás punto de estallar, la presión acumulada tiene que salir por algún sitio, eres una olla a presión. Mañana mismo vuelves a la llamada de voz de siempre.