miércoles, 5 de junio de 2013

GAS NATURAL


A veces nos empecinamos en poner nombres sin sentido a cualquier cosa, como en el caso de "gas natural". Lo de "gas" parece claro, sólido, líquido y gas. En este caso hablamos del estado gaseoso únicamente, aquí no hay femenino, obviamos "la gaseosa" antes de crear más confusión. 

¿A qué nos referimos cuando decimos natural?, aquí viene el problema, nos referimos a "lo perteneciente o relativo a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas", supongo que si. Natural, parece un termino demasiado amplio, poco concreto, porque gases naturales hay muchos, el oxígeno tan necesario para la vida, el hidrógeno tan presente en nuestro planeta, el metano también presente en le planeta y en nuestros cuerpos, el helio ese que te hace poner voz de pito si lo pruebas y según en que cantidades te hace alucinar, el nitrógeno que no arde aunque pensemos que si, el monóxido de carbono letal por necesidad, el gas butano de la bombona ¿verdad? y algunos más, todos ellos gases naturales. 

Pero la pregunta del millón es: ¿qué tipo de gas es el gas natural que todos tenemos en la cabeza, el gas natural de consumo doméstico? Pues ni más ni menos que metano, si metano. Esto nos da la solución, el "gas natural" de casa se tendría que llamar “gas metano”, pero os podéis imaginar el revuelo... En fin, ya sabéis, si necesitáis hacer un par de huevos fritos y os han cerrado el gas por una avería, ya tenéis la solución, todos en pompa y un buen apretón.

lunes, 3 de junio de 2013

IRSE DE LA LENGUA

Estas cuatro palabras, "irse de la lengua", que tienen una complicada traducción en cualquier otra lengua, encierran todo un compendio de actuaciones, tienen la enorme capacidad de expresar tanto la intencionalidad como la involuntariedad del hecho. Tanto si la persona que se va de la lengua lo hace con esa intención solamente o lo hace de manera involuntaria o incluso de ambas cosas a la vez.

Por ejemplo, cuando una conocida ha suspendido por cuarta vez al examen de conducir y te lo dice con más pena que gloria (evidente), en confianza, con la intención de volver a presentarse en un par de meses y tu, receptor de este hecho, lo cuentas a todos tus conocidos habidos y por haber, te estás yendo de la lengua claramente y de manera intencionada. Al fin y al cabo piensas que no es algo tan grave, sólo desprestigia, humilla (je,je,je).

Peor sería si en la escalera de tu casa, una vecina te dice como quien no quiere la cosa que el vecino del tercero, el de Alicante, un señor jubilado honesto y trabajador toda su vida, tiene una hija que trabaja en un club de carretera (puticlub) y después de decirlo se ruboriza un poco, haciendo ver que quizás no tendría que haberlo dicho. Ambas vecinas conocían a la chica desde pequeña y en el fondo les sienta mal la noticia, les deja un sabor amargo. Tal vez se ha ido de la lengua de manera involuntaria, pero diría que también con algo de intención, el chafardeo le puede. ¿Cómo mirarán al vecino sabiendo que su hija es prostituta? ¿Igual que antes? Seguramente no, cuidado con eso de irse de la lengua.

Pero en las peores situaciones, el irse de la lengua podía llegar a costarle la vida a alguien. En tiempos de guerra y postguerra era algo muy frecuente. Podías haber convivido con tus vecinos toda una vida, con diferentes ideales, pero llegando a ser amigos, en cierta armonía. Uno de esos vecinos podía irse de la lengua y decir a las autoridades que tu piensas algo diferente y "zas", eres cogido y aniquilado. Cuantas muertes mezquinas y odiosas. Seguro que muchos de esos que se fueron de la lengua entonces, se arrepintieron posteriormente, lo que en el pasado fue intencionado, con el tiempo se volvió involuntario.

viernes, 31 de mayo de 2013

PRIMAVERINVIERNO (Ventanas de Barcino 1)


Se está acabando el mes de mayo y podemos decir sin miedo a confundirnos aquello de "hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo". El clima fresco, la lluvia impertinente que durante todo el invierno y ahora en primavera no nos quiere dejar, hace que tenga la sensación de estar en otra época del año. Los cielos grises que cada mañana me han acompañado ininterrumpidamente durante meses, hoy han vuelto hacer acto de presencia. Miras por la ventana para intuir como vestirte más adecuadamente, como si buscaras un hilo de esperanza al que aferrarte y ver la primavera de verdad, pero todas las personas que veo van muy abrigadas, como si fuera pleno invierno, exceptuando los turistas nórdicos que tantas veces he visto en procesión al Camp Nou por la Travessera, que sin ningún tipo de complejos van en camiseta de tirantes y chanclas, su obstinación y fortaleza me tienen sorprendido. Asimilo que todavía hace frío y me visto de invierno-primavera, es difícil, pero es lo que hay. Cojo mi bici Thoria, una reliquia holandesa de los años sesenta que me ha costado restaurar medio año y salgo con la frescura de la mañana dando pedales alegremente. El viento me empuja en mi trayectoria y al llegar a la Diagonal ves la vida en pleno moviendo de la ciudad, coches, tranvías, autobuses, motos, bicis, peatones, todos hacia su destino, en plena actividad en esta primavera-invierno que no nos quiere dejar.

miércoles, 29 de mayo de 2013

GALLÍPOLI NO ES UN CUENTO


En la península turca de Gallípoli tuvo lugar uno de los sucesos más sangrientos, y contrariamente ignorados, de la historia reciente. Eclipsado por la Segunda Guerra Mundial, la Batalla de Gallípolí que sucedió en la Primera Guerra Mundial, fue un estrepitoso fracaso del ejercito inglés.

A propuesta del entonces Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, los británicos idearon esta campaña en la que atacando a Turquía, el aliado presuntamente más débil, tendrían el control de los estrechos para revitalizar a Rusia que necesitaba urgentemente armamento y también podrían encerrar a los imperios centrales (Imperio Alemán, Imperio Austro-Húngaro e Imperio Turco-Otomano).

La Batalla de Gallípoli o Batalla de los Dardanelos tuvo lugar en Gallípoli el año 1915. Se llevó a cabo una operación combinada entre británicos y franceses (también había muchos australianos y neozelandeses que formaban el ANZAC) con el fin de conquistar la capital otomana de Constantinopla (la actual Estambul). Se inició con el desembarco de Gallípoli, pero los aliados no consiguieron penetrar por sorpresa en el Imperio Otomano y fracasaron en las sucesivas ofensivas. 

El ejército otomano de Mustafá Kemal (conocido posteriormente como Atatürk y que a la postre sería el primer presidente de la República de Turquía) entró en la Primera Guerra Mundial del lado de Alemania y desempeñó un papel primordial en esta batalla. 

Las bajas fueros espantosamente elevadas, los británicos tuvieron más de 250.000 bajas (más de 50.000 muertos) entre los que hubo australianos y neozelandeses. Los franceses tuvieron 50.000 bajas, con más de 8.000 muertos. Para los turcos que resistieron el ataque y salieron "victoriosos" la deuda que pagaron fue 270.000 bajas, con más de 60.000 muertos. Estas terribles cifras en tiempo de paz parecen una fábula, pero fue absolutamente real. 

Se dice, que en tiempo de paz, es inconcebible que puedan suceder estas animaladas. Que nuestra mente no es capaz de asimilar realmente semejante matanza, lo vemos como si fuera un cuento que leemos. También se dice que los que han vivido una guerra con batallas tan sangrientas, no son capaces de concebir la paz. Su mente borra los tiempos de paz o los difumina de tal manera que cuando están en la guerra, ven la paz tan lejana e inaudita que es como si nunca hubiera existido. No se a que se debe este "artilugio mental" para eliminar el pasado, para eliminar la paz de tu mente (es terrible, esto no se puede llegar a imaginar), tal vez el instinto de supervivencia, quizás el delirio colectivo o ambas cosas a la vez. Sólo espero que no tengamos que padecer esta tremenda enajenación que nos juega la mente en estas situaciones límite.

viernes, 24 de mayo de 2013

EL ÚLTIMO MONO

Que tu seas el último mono no debería de extrañarte en absoluto y no me refiero al último mono de "homínido", sino al último mono de que pintas menos que Jezulín en la Real Academia de la Lengua. Cuantas veces has tenido esta sensación o simplemente te lo han dicho a la cara directamente, sin vaselina:
- ¡Y tu cállate, que no pintas nada! -se te queda una cara de pánfilo que no sabes donde meterte.

"Que no pintas nada", viene a ser lo mismo que "el último mono". Aquí podemos apreciar una relación directa entre la palabra "pintar" y la palabra "mono", por tanto podemos decir sin miedo a confundirnos "que pintas menos que un mono". Llegados a este punto estamos desprestigiando, sin querer, a los que se dedican a la pintura, ya sea profesionalmente o como aficionados. Y no me refiero a los "pintores de brocha gorda" (claro que también podría referirme a ellos, pero con ese nombre "brocha gorda" me dan como un poco miedo y un poco risa, todo a la vez), sino a los pintores, pintores. 

Me refiero pintores como Velazquez o Goya, grandes maestros de la puntuar universal. Para no caer en banalidades tendríamos que decir algo así: 
- Goya no era el último mono, era un maestro de la pintura.

De donde deducimos que:
- Goya, el gran maestro de la pintura, pintó más que un mono (esto no es cachondeo, es rigurosamente cierto) porque sino "pinto menos que un mono", por lo tanto "sería el último mono", cosa que sabemos todos que no fue así.

Lo que no podemos decir de Goya, es que es un pintor mono (ahora no me refiero a mono de homínido, sino mono de guapo) porque más bien era feo, en cambio Velazquez tenía otra planta (y no insinúo planta de vegetal, sino planta de aspecto, de imagen), pero lo de la planta lo dejaremos para otra ocasión porque el mundo vegetal da para mucho.

miércoles, 22 de mayo de 2013

SU SEMBLANTE MUTADO


Las intuiciones, siempre basadas en criterios muy variados entre los que está la experiencia, la inteligencia emocional, la empatía, el conocimiento y algunos más, nos hacen decidir y sentenciar sobre nuestra vida y la de los demás, a veces incluso sin darnos cuenta y pensamos que decidimos a la brava, pero nada más lejos de la realidad. 

Gracias a este cúmulo de elementos somos capaces de vislumbrar como es una persona con sólo fijarnos en pequeños matices. Con observar la manera de hablar, las palabras que utiliza, con qué entonación, cómo gesticula, las ropa que viste, en sus movimientos, la manera de expresarse o actuar en una determinada situación… todo esto nos hace valorar a una persona, la analizamos, intuimos. 

Hay personas que tienen una habilidad especial para desmenuzar a otras. Son auténticos privilegiados, capaces de entrever aspectos íntimos muy sutiles con un golpe de ojo. Pero contrariamente también hay personas que saben camuflar todos estos aspectos magistralmente, son expertos en mentir. Su vida es una farsa tan constante que la mentira se convierte en realidad. Cuantas personas, con el paso del tiempo, se dan cuenta un día que la persona que estaba a su lado no tiene nada que ver con la que era ayer. Después intentas averiguar como fue posible que no te dieras cuenta de nada, que no vieras quien era realmente o que no vieras en que se ha convertido. Que no fueras capaz de ver el semblante mutado con la suficiente antelación, antes de que sea demasiado tarde. Amigos, familiares, compañeros, desconocidos, parejas… creemos conocerlos pero la verdad es que jamás tendremos la certeza absoluta de si la cara que vemos es la real o la mutada.

martes, 21 de mayo de 2013

EL TERRITORIO DEL CAMALEÓN


Muchos niños y adultos sueñan con ser invisibles. Quien no ha sido invisible alguna vez durante un tiempo determinado o mejor, quizás, durante un tiempo indefinido. Ser invisible a tu antojo, a ratos o permanentemente. Mirar el mundo desde una ventana, sentado tranquilamente, observando, analizando, dormitando. Estar en un limbo en el que nadie te ve, ni te escucha. Como si fueras un camaleón, que en cualquier sitio parece estar tan mimetizado con el entorno, que es como si no existiera. Puedes saltar, gritar, golpear, escupir, pelear y hasta quemar, pero sigues siendo invisible, sigues siendo un camaleón. A veces lo intentas con un gran esfuerzo, ser visible, pero te das cuenta que jamás lo conseguirás y vuelves a tu lividez, a tu trasparencia. Pasado un tiempo lo vuelves a intentar, pensando que algo ha cambiado y te crees visible durante una temporada pero al final vuelves a ser etéreo. Te miras las manos, los brazos, las piernas y no ves nada. Te miras en el espejo y ves a alguien, pero alguien difuminado, si mantienes la vista en el espejo, en unos minutos acabas por diluirte. No es un desaparecer físico, a veces sí, es una invisibilidad con el entorno, pierdes el volumen, te quedas plano.

Todos hemos sido camaleones en algún momento, algunos durante un rato solamente, otros intermitentemente y otros de forma permanente. Quizás porque estamos en el medio, en tierra de nadie, ni somos los más grades, ni tampoco los más pequeños, ni los más fuertes, ni los más débiles. Estamos en el territorio del camaleón, el territorio de los trasparentes, en el fabuloso territorio de las ensoñaciones.