martes, 17 de noviembre de 2015

LA LLAMADA DE LA VIOLENCIA

En tiempos de guerra los psicópatas asesinos campan a sus anchas. Se podría decir han encontrado la excusa perfecta para satisfacer su inclinación a la violencia, inclinación perversa y despiadada que nunca se sacia, y menos aún si existe la clara posibilidad de seguir matando. Es como una viña en agosto para una bandada de estorninos. Estas personas de inclinación perversa lo pasan mal en tiempos de paz. Supongo que se desfogan como pueden, pero a veces se les va la mano y terminan matando. Llegados a un cierto límite, supongo que variable en función de cada persona y las circunstancias que lo rodean, sienten la imperiosa necesidad de satisfacer su oscura inclinación. 

Es muy posible que muchos de los que se apuntan a las filas de grupos terroristas, como los islamistas tan en boca de todos actualmente, tengan una inclinación a matar tan incubada en su propio ser que son incapaces inhibirse ante la posibilidad de satisfacer su sangriento apetito. Es como si sintieran la llamada de la violencia, y no hay mayor violencia que matar a prójimo. Si se facilita como hacerlo, los medios, y se urde un motivo, la mentira, tendrás un ejercito de psicópatas asesinos capaces de todo por satisfacer su pérfida inclinación. Esta es la raíz, el por qué es lo de menos, por una patria o por un dios, que más da. 

Es difícil aceptar que haya personas así. A nuestra sociedad dulcificada le cuesta mucho aceptarlo, o no quiere o cierra los ojos ante esta malvada inclinación. Somos civilizados, hemos evolucionado socialmente en el último siglo como nunca antes había sucedido, la democracia y los derechos humanos nos rodean, pero también somos violentos, asesinos, exterminadores y mil palabras más que no queremos ni oír. Es más, estos adjetivos indeseables vienen de lejos, los otros, los buenos, son más recientes. La historia pasada y, lamentablemente, la presente lo confirma. Guerras por poder, guerras por dinero, guerras por religión, guerras por odio, guerras porque somos así. Los que no somos violentos, o eso creemos, no podemos asumir que matar sea un acto común. Al menos lo ha sido durante toda la historia de la humanidad, en tiempos pretéritos en mayor grado o más extendido o globalizado. En la actualidad existen remansos de paz que otros quieren violentar. Matar es una acto que se repite una y otra vez, unas veces de manera fortuita y otras provocada. Si ni siquiera aceptamos la muerte natural, parece imposible aceptar que matar forma parte del hombre, al menos de algunos. El problema reside en que los que desean matar y matan sean demasiados. Pero el verdadero dilema, bajo mi punto de vista, es si los que no matamos para satisfacer una inclinación perversa, podemos llegar matar con la misma facilidad y asumir como nuestra esa inclinación homicida. Es posible que en determinadas circunstancias la gran mayoría de las personas se vuelva violenta y desee la muerte del supuesto ”enemigo”. Antes de acabar con la vida de alguien hay que alimentar y crear ese oscuro deseo en nuestro interior. ¿Qué tiene que suceder para que una persona, o un grupo de personas, ambicionen masacrar a otras? ¿Qué se puede hacer para evitar que alguien tenga semejantes anhelos letales? Estas son las preguntas clave.

martes, 10 de noviembre de 2015

CON UN DÍA BASTA

Hoy es 10 de noviembre de 2015. El despertador ha sonado a la hora de siempre, las 7:30, pero resulta que ya estaba despierto. La causa: el pequeño que ha venido a la cama de los “papis” antes de tiempo, veinte minutos antes de que sonara el despertador. Hemos retozado con él, una criatura de dos años da para mucho retoce, un goce cándido y puro. En cuanto ha sonado el despertador nos hemos levantado todos. Comienza un nuevo día. Subo la persiana, el sol de un otoño suave ya empieza a despuntar, los primeros rayos mañaneros se cuelan por la ventana. El pequeño canta una canción que no entendemos, en su idioma, solo se entienden palabras sueltas. Mientras mi mujer se ducha y se arregla para ir a trabajar, yo me encargo del pequeño, le pongo Mikey Mouse y le preparo el desayuno. En ese intervalo se levanta el mayor (bueno, tampoco tan mayor, cinco años) somnoliento pero ya con una energía vital apoteósica. Me da un abrazo y mil besos. También le preparo el desayuno. Con estas llega el abuelo, él se hará cargo del pequeño, de llevarlo a la guardería (le gusta ir, se lo pasa bien con sus mini compañeros) y de recogerlo, qué haríamos sin ellos. En estas, mi mujer sale de la ducha y entro yo. Al poco salgo y me visto, en diez minutos tengo que llevar al mayor al colegio. Los niños terminan de desayunar, mi mujer se marcha, besos para todos y que vagi bé. Le espera un día arduo de trabajo, pero le gusta, trabaja en Sanidad, a pesar de los recortes va contenta a trabajar, es una verdadera profesional, diría que vocacional. Muchas veces me ha expresado su satisfacción al ver como un enfermo vuelve a la normalidad gracias a ella. Visto al mayor, besos al avi y al pequeño y salimos. Montamos en la bici, lo llevo a su colegio, no está lejos, pero a él le gusta montar en la “bici de papá”. Cada segundo de su vida es un divertimiento, tendríamos que aprender de esta actitud ante la vida. Llegamos, se queda contento, ya tiene su grupo de amiguitos. Subo a la bicicleta y me dirijo a mi trabajo. El frescor de la mañana es muy agradable, no hace frío, el sol vespertino ilumina el fantástico cielo azul mediterráneo. Paso delante de la frutería de los indios (de la India) y me paro a comprar naranjas, tienen buen aspecto y el precio está bien. Suelo comprar fruta aquí, la regentan dos chicos jóvenes que vinieron a España en busca de una oportunidad. Los dos son ingenieros químicos y ante la imposibilidad de encontrar trabajo de lo suyo han montado la frutería. No sé si les va bien o no, espero que sí, diría que son buena gente, amables, educados. Sigo mi camino al trabajo. Me encanta ir en bicicleta, el aire rozando mi cara, la percepción de ligereza, casi de volar. Llego a la Diagonal, semáforo en rojo. Pasan cientos de coches por segundo. Las aceras repletas de gente atareada, supongo que la mayoría va al trabajo. En el semáforo dos chicas jóvenes hablan sobre la serie Juego de tronos, dos hombre adultos y trajeados hablan de una tal Matilde, no sé quien es desde luego, pero debe ser una mujer que los trae de cabeza, la alaban voluptuosamente. Un grupo de jóvenes pasa haciendo footing en grupo. El semáforo se abre para los peatones, cientos de automóviles se detienen, paso raudo con mi bicicleta, miro a la izquierda y veo el pirulo a lo lejos, el cielo cada vez más luminoso. Me meto en un carril bici que me lleva hasta mi trabajo. En cinco minutos llego. Entro en la editorial y saludo a mi compañeros, comienza un día de faena. Ojeo rápidamente los periódicos por internet, solo se habla de política, el desencuentro y la irracionalidad pueblan los titulares. Me sumerjo en mi trabajo hasta la hora del café. Comentarios típicos y jocosos con la gente de la editorial, hay buen ambiente. Siempre existe la voz discordante, dos compañeros discuten acaloradamente sobre política y banderas. Valientes ignorantes, parece que no saben donde pisan, algunos no quieren ni mirar. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Llega la hora de comer y vuelvo a mi casa en bicicleta, son diez minutos. Preparo la ensalada, los canelones y la copa de vino, una manzana de postre. Mientras como pongo la televisión, más noticias disparatadas y envenenadas, lastima de políticos, parece que sobran en el mundo, cuanto patriota (uff, urticaria). Vuelvo al trabajo, otro paseito de diez minutos en bici. Sensación casi de felicidad, si es que alguien sabe lo que es eso. El sol, el aire cálido, la vida misma que me rodea. Llego al trabajo, tres horas y se acabó por hoy. Vuelta a casa, otro paseito feliz en bici. Antes de llegar a casa me cruzo con mi mujer y los niños, al verme se tiran encima de mí. Recibo abrazos y besos infantiles, después los de mi mujer. Vamos al super, al Consum, está cerca de casa. Compramos alimentos, bebida y productos de limpieza. Los niños piden un huevo Kinder como si fuera el summun. Deseo concedido. Hoy hemos comprado carne en la carnicería, una gallega rechoncha nos atiende, los productos que vende son buenos y el trato espectacular. A la salida hay un hombre mayor, delgado, pidiendo dinero, parece extranjero. Un euro para él, que menos. En las escaleras de casa nos encontramos a la vecina de arriba, una mujer con una sonrisa permanente, saludos, qué niños más guapos. Llegamos casa, hora de la ducha para los niños. Otra fiesta, el agua saltando en todas direcciones. Después unas carreras por el pasillo con los pequeños, qué energía. Ahora toca jugar con los Lego, es su juego preferido últimamente. Hora de la cena, se lo comen todo, los padres también. En la televisión Tom y Jerry, fantástico. Se va acercando la hora de dormir, hay que lavar los dientes, cuatro cepillos cepillando. Muchos besos y más besos para dar las buenas noches. La mamá con el pequeño, el papá con el grande que ahora le ha dado por los delfines, su clase llama así, “delfines”. Tenemos varios cuentos de delfines, los leemos y se duerme. Es un ángel, cuanta pureza y cuanta vida. Una vez dormidos los niños ponemos la televisión, mejor apagarla, las noticias de política invaden todos los canales y la verdad, parece una película plagada de personajes vanidosos y soberbios, más banderas. Ponemos diez minutos Crónicas carnívoras, un programa divertido y sin prejuicios, no parece gran cosa, pero tiene ese punto de hilaridad, desparpajo y gracejo tan ausente en nuestra sociedad, al menos en la llamada clase dirigente. Nos vamos a la cama, leo unas páginas de Foster Wallace (genial) y casi sin darme de cuenta me quedo dormido.

Con un día basta para darse cuenta de quién sobra, quién tiene que cambiar o quién emponzoña la vida de la gente corriente. La respuesta es los políticos.

martes, 3 de noviembre de 2015

LA RUBIA DE VÉRTIGO

Mucho antes que las “chicas Almodovar” por todos conocidas (Carmen Maura, Victoria Abril, Penélope Cruz, Bibi Ándersen, María Barranco, Loles León, Rosi de Palma, Verónica Forqué, Marisa Paredes, Cecilia Roth, etc.), surgieron las “rubias de Hitchcock”, entre las que encontramos a Kim Novak (Vértigo), Grace Kelly (La ventana indiscreta), Eva Marie Saint (Con la muerte en los talones), Jessica Tandy (Los pájaros) y Janet Leigh (Psicosis), por poner algunos de los ejemplos más significativos. Todas ellas tenían en común que eran rubias y guapas, en incluso, buenas actrices. Pero sobretodo destacaría las situaciones imposibles y descabelladas, cinematográficamente hablando, que interpretaron. A primera vista y sin analizar en profundidad las diferencias, creo que no es necesario, prefiero a las “rubias de Hitchcock”, sin menospreciar a las “chicas Almodovar”, faltaría más. Quizá también influya en mi inclinación “hicthcodiana” la propia película. ¿Quién no recuerda la atemporal y temible escena de la ducha en Psicosis?, o la impotencia de James Stewart en La ventana indiscreta al ver que va a suceder algo terrible sin poder impedirlo, o a Gary Grant huyendo de una avioneta asesina en medio de un campo yermo en Con la muerte en los talones, o los cientos de pajarracos negros atacando sangrientamente a Jessica Tandy y su indefensa familia en Los pájaros. Estas escenas son verdaderas obras maestras que se han grabadas en nuestra retina.

De todas las “rubias de Hitchcock”, yo me quedaría con “la rubia de Vértigo”. Posiblemente es la mejor película de Hitchcock, y eso, hay que agradecérselo a Kim Novak y su perfecta interpretación, o mejor dicho, doble interpretación. La actriz interpreta magistralmente a una rubia letal y fría como un témpano, llamada Madeleine, y también a Judy, una pelirroja provocadora y escultural. Kim Novak es capaz de unir a ambas en una misma mirada de hilaridad y pánico, de ambivalencia transitoria en la que coexisten varios sentimientos opuestos de manera cautivadora. James Stewart sucumbe sin remedio tanto a una como a otra hasta caer en un estado delirante de enajenación mental transitoria. Kim Novak supera con creces esa barrera, siempre tan difícil de rebasar, del desdoblamiento, de la cualidad y del encubrimiento, de la realidad y de la ficción.

Espero que después de leer este artículo, el lector se anime a pasar un buen rato con el mago del suspense, y yo añadiría, el maestro de los silencios.


martes, 27 de octubre de 2015

EL TÉRMINO MEDIO

En estos tiempos que corren tan convulsos y fatuos, el término medio que siempre había sido una virtud, parece que ha desaparecido de la conciencia general y más aun de los que deberían dar ejemplo de moderación. Hemos perdido el sentido ético, nuestro barómetro interno que nos indica lo que está bien y lo que está mal y que nos permite enjuiciar moralmente la realidad y los actos, se ha desvirtuado a fuerza de insistir e insistir mediáticamente. Los que tienen voz pública la utilizan para enrarecer todavía más el ambiente, sus oscuros intereses personales tendrán. Los dirigentes tendrían que ser personas razonables y prudentes, es lo mínimo exigible, y ocuparse con denuedo en trabajar por el bien común. Esto es lo razonable, pero por lo que parece de racionalidad estamos escasos. Los que escuchan a los que tienen voz pública y asienten como corderos al oír sus discursos ilógicos y temerarios, desvirtúan con su apoyo el término medio. Se les podría tildar de imprudentes e irreflexivos, siendo suaves con los adjetivos.

No tiene sentido hablar de justicia al margen del diálogo entre humanos. Precisamente este diálogo y la razón que lo hace posible, son la condición de una vida verdaderamente humana.

Ahora prima el “o conmigo o contra mí”. Una verdadera lástima, nos animalizamos a marchas forzadas. Para cada acción existen el exceso y el defecto y, entre los dos, el término medio. No es fácil encontrar este punto de equilibrio entre los dos extremos, hay mil maneras de equivocarse, pero solo una de acertar. Aun así, la prudencia y la experiencia nos enseñan a descubrir cuál es en cada caso el término medio que nos hace virtuosos. Ser sensatos es ser prudentes, y para ser prudentes tenemos que encontrar la conducta equilibrada. Si no somos capaces de dilucidar esta conducta, tenemos que mirar hacia el sabio. Ahí radica uno de los principales problemas de nuestra sociedad, todos nos creemos capaces de encontrar ese equilibrio, y eso no es cierto. Parece evidente que la clase dirigente tampoco está capacitada para encontrarlo, estos cargos los tendrían que ocupar los más eruditos y letrados de cada disciplina, personas con la sabiduría y la experiencia necesaria para encontrar el termino medio que caracteriza una sociedad racional. Otro gallo nos cantaría.

martes, 20 de octubre de 2015

LA FUGA DE ALCATRAZ

El 11 de junio de 1962 se llevó a cabo la histórica fuga de Alcatraz. Cuatro presos planearon fugarse, pero solo tres lo consiguieron: los hermanos Clarence y John Anglin y su compañero de presidio Frank Morris, todos condenados por robos de bancos. La trascendental huída inspiró películas, libros y documentales. Nadie sabe si sobrevivieron, cruzar la bahía de San Francisco a nado es un reto inhumano, y lo dice el narrador que cuenta esta historia porque ha estado en el lugar. Viendo las gélidas aguas, aun en época estival, y la distancia a nadar, parece imposible que ninguno de los tres consiguiera superar con éxito su fuga. Recientemente han aparecido nuevas piezas que ayudan a resolver este misterio, una imagen muestra a los hermanos Anglin vivos, 13 años después de la fuga, en un rancho de Brasil.

La fuga de los hermanos Anglin en el 62 fue unos de los últimos episodios de una prisión alimentada de leyendas y mitos, Alcatraz cerró en el 63. Uno de sus inquilinos más célebres fue Al Capone. 

Se sospecha que el cerebro del plan, que se llevó a cabo durante meses, fue Frank Morris. Los reclusos dieron con un pequeño pasadizo no vigilado situado en el bloque donde se hallaban. Cincelaron el hormigón, deteriorado por la humedad del mar, con herramientas tan básicas como una cuchara, una moneda de diez céntimos o una especie de taladro improvisado con piezas de una aspiradora robada. Uno de ellos tocaba el acordeón mientras los otros se afanaban en las labores de excavación, de esta manera evitaban que los vigilantes se percataran de su trabajo. El día de la huída, dejaron unas máscaras fabricadas con papel piedra en sus camas. Se conoce la elaboración del plan gracias a Allen West, el cuarto preso que no consiguió escapar. El FBI dio por muerto a Morris tras hallar unos restos humanos, pero no pudieron comprobar la identidad.

Una de las incógnitas que se ha  repetido durante los últimos 53 años es que la madre los Anglin continuó recibiendo flores y tarjetas, supuestamente, de sus hijos. Recientemente, la familia de los reclusos colaboró entregando alguna de esas tarjetas a un investigador que ha permanecido obsesionado por el caso durante años. Ken Widner, sobrino de los Anglin, cuenta que había recibido correspondencia de los presos y que pensaba que estaban vivos. La prueba más fehaciente que esgrime es un encuentro con un amigo de su infancia, Fred Freezy, en 1992, el 30 aniversario de la histórica huída. El hombre explicó que, en 1975, viajó a Brasil y, cerca de Rio de Janeiro, un tipo estadounidense le preguntó: “¿Te acuerdas de mí?”. Al parecer los hermanos Anglin vivían en un rancho, según Freezy, y les hizo algunas fotografías. El hombre guardó el secreto durante 17 años, pero a final decidió compartirlo mostrando las fotografías que tomó en el 75, trece años después de la fuga de Alcatraz. En la actualidad, si estuvieran vivos, Jonh Anglin tendría 85 años y su hermano Clarence 84.

El narrador no puede evitar sentir cierta aquiescencia, incluso entusiasmo, por los hermanos Anglin. No sé si es debido a esa atracción tan terrenal hacia lo prohibido, en una historia el malo siempre tiene más atractivo que el bueno, o simplemente se trate de una espontánea alegría al ver que dos hombres sencillos consiguieron burlar a uno de esos bancos dirigidos, consentidos y amparados por los auténticos chorizos, y posteriormente zafarse de la "justicia" protagonizando una huída de la prisión más segura de Estados Unidos.


Los hermanos Anglin en Alcatraz.



Fotografía que supuestamente muestra a los Anglin en 1975.

martes, 13 de octubre de 2015

SUCESOS BORGIANOS

Los relatos de Borges nunca dejan de sorprenderme. Cada vez que vuelvo a leerlos encuentro algo nuevo que me maravilla. Caigo en la tentación cada cierto tiempo, la penúltima vez fue hace dos años, y la última, hace dos días. El Aleph, El libro de arena, El informe Brodie…, por poner algunos ejemplos, te trasladan a una realidad ilusoria muy personal. El mundo borgiano, tan verdadero y tan imaginario como cualquier otro, no es más que una mirada profunda a través de un espejo que se va paseando por el mundo. Lejos de mostrar una visión quimérica de la realidad, nos muestra la verdadera realidad, la suya. Decía Platón que existen dos niveles de realidad, la básica que percibimos con los sentidos, la que vemos, oímos, tocamos, olemos y saboreamos; y la otra realidad que emana de nuestro interior, una realidad más intelectual, más intrínseca. Los relatos de de Borges emanan de esa realidad interna, comienzan en el mundo de los sentidos, el mundo externo y, sin apenas darte cuenta, entras en esa otra realidad que es la suya. Ambas realidades se van entrelazando mágicamente con una naturalidad pasmosa. El lector acepta tanto una como otra y termina entrando en el mundo borgiano, de hecho, alcanzas esa inaudita sensación de ver lo imposible posible. 

Estás dos verdades platónicas, la que todos percibimos y la que cada uno tiene en su interior, magistralmente representadas en los relatos borgianos, en ocasiones son visibles en el mundo. Una de esas ocasiones surge en el enamoramiento, el amor nos toca con su dedo mágico y en nuestro interior se desata era realidad tan íntima y personal que solo nosotros percibimos. También surge esa realidad borgiana cuando alguien padece esquizofrenia y tiene experiencias sensoriales que se originan dentro del cerebro dando paso a pensamientos delirantes y distorsionados. Ahora no defino el enamoramiento, sino los síntomas de la esquizofrenia, sin embargo, todos hemos visto como el amor tiene síntomas muy similares. Por el contrario, es muy habitual encontrarse con personas que inventan una realidad que no existe en el mundo sensorial ni tampoco en su interior, pero aun así la difunden. Estos son los mentirosos, tan abundantes como el hielo el polo sur.


Ayer mismo tuve el privilegio de presenciar un maravilloso suceso borgiano. Sucedió en la visita a los abuelos de mi mujer, ya con noventa y seis años y el ineludible deterioro físico y mental a cuestas. Era media mañana, sol de octubre en tierras turolenses. La presencia de mis hijos despertó en ánimo de los abuelos que miraban a los pequeños como quien mira a una divinidad. Los niños revoloteaban a su alrededor con ese desparpajo y alegría tan exuberante que es capaz de absorber toda la atención periférica. En un momento dado, el pequeño se quedó parado delante de la abuela y le dijo algo. La abuela lo miró, el pequeño aguantó la mirada y volvió a repetir su reducido y casi incomprensible discurso. Sin poder remediarlo la abuela se emocionó, el niño que tenía delante, fruto de su fruto, la hizo feliz por un instante. En ese instante la abuela vio un Aleph en mi hijo, vio el mundo entero delante de sus ojos. Después, paseamos lentamente. En ese paseo la abuela no paraba de dar muestras de amor hacia su marido, lo elogiaba diciendo repetidas veces que era muy guapo, lo miraba y volvía a decirlo como si estuviera buscando nuestra aquiescencia y mostrando así, a los cuatro vientos, su realidad. El buscaba su mano y ella la de él, hasta que las juntaron y durante un buen rato permanecieron inmersos en su realidad, tan hermosa y tan valiente como la más grande de las verdades.

martes, 6 de octubre de 2015

TIEMPOS MODERNOS

No se quien decía hace poco que vivimos en un país de cabreros. No le faltaba razón, pero creo que tampoco hay que generalizar. Seguro que para algunos no estaría mal que sí se generalizase, y por eso, se han puesto manos a la obra. La nueva Ley de Educación (LOMCE) ha dejado las asignaturas que te hacen pensar de forma crítica apartadas de las aulas. Y no es que lo diga yo, sino que es un hecho. La asignatura de Filosofía es obligatoria solamente en primero de Bachillerato, lo que quiere decir que un alumno que solo curse la educación obligatoria no habrá visto los fundamentos que estructuran el pensamiento occidental, desde los clásicos hasta Marx o Sartre. En segundo de Bachillerato no es asignatura obligatoria y un año de Filosofía resulta insuficiente para profundizar un mínimo en la materia. A cambio, se ha potenciado Religión. Se amputa la asignatura de los “porqués” que habla de la racionalidad y del pensamiento crítico; y se potencia la asignatura de la creencia ciega e irracional que evita el pensamiento crítico e impone los dogmas a seguir “y punto final”.  

La última en sufrir el destierro ha sido Filosofía, pero anteriormente lo padecieron música, pintura, literatura, retórica, etc. Las asignaturas más creativas han sido y están siendo coartadas y aniquiladas. Precioso futuro nos espera. Me viene a la mente aquella maravillosa película de Charles Chaplin, Tiempos modernos. Perfecta parodia de nuestro mundo. Industrialización, fabricación, automatización, deshumanización, desnaturalización.

En general, los que gozan del beneficio del poder están interesados, y hasta obsesionados, en dominar al pueblo para seguir conservando ese poder. Y que mejor manera de hacerlo que creando una sociedad irreflexiva y adoctrinada en los dogmas de fe, en creer lo que le dicen sin analizarlo porque no tienen la formación necesaria para hacerlo. La formula es perfecta, te educamos para que vivas como un autómata, y encima, tienes que darnos las gracias porque vives en una sociedad “cojonuda”. 

A veces me pregunto qué es peor, si la mentira o la estupidez. Diría que la estupidez es mucho peor, porque no tiene solución, y el que comete una estupidez es tan ignorante que ni siquiera lo sabe, en cambio, el mentiroso sabe perfectamente que miente. En nuestras sociedad ambas van ligadas, una se nutre de la otra. Los mentirosos, que son los que ostentan el poder y el gobierno, quieren manipular al pueblo con sus mentiras para continuar en su trono de rebosante mierda. Ellos son malignos porque saben que engañan, por lo tanto, poco les importan sus “súbditos”. Y estos, los cabreros que decía aquel, el pueblo en general, debido a su ignorancia y su incapacidad de análisis y pensamiento crítico y racional causado por su limitada formación humanística y filosófica, cometen la tremenda estupidez de dar su voto de confianza a aquellos que les mienten y quieren gobernar, y lo que es más grave, lo hacen sin saber que son engañados porque son estúpidos y no se dan cuenta, o simplemente, lo aceptan como una especie creencia. Ellos son los que dan alas a los mentirosos, y estos, se aprovechan de su ignorancia exponiendo abiertamente dogmas absolutamente irracionales y contradictorios con el pensamiento humano.

Si se ha avanzado humanísticamente y socialmente no ha sido gracias a estos cuervos negros que mienten a sabiendas. Ha sido gracias a los que en contadas ocasiones alcanzan el poder y se preocupan de verdad en mejorar la vida de los demás y no están pendientes de inflar sus bolsillos y los de sus colegas. De aquellos políticos de verdad surgieron acciones que evolucionaron la sociedad, y con ello, mejoró la formación general que tiene como base el pensamiento crítico. Pero los hay que quieren volver atrás, cuanto más atrás mejor.