martes, 10 de marzo de 2015

ARISTOCRACIA ENMASCARADA


Hay tres especies de gobiernos: el Republicano, el Monárquico y el Despótico. Para distinguirlos, basta la idea de que ellos tienen las personas menos instruidas. Supongamos tres definiciones, mejor dicho, tres hechos: uno que "el gobierno republicano es aquel en que el pueblo, o una parte del pueblo, tiene el poder soberano; otro, que el gobierno monárquico es aquel en que uno solo gobierna, pero con sujeción a leyes fijas y preestablecidas; y por último, que en el gobierno despótico, el poder también está en uno solo, pero sin ley ni regla, pues gobierna el soberano según su voluntad y sus caprichos". ¿Cuál es el nuestro?, imposible saberlo, unas veces parece uno y otras, otro.

Es conveniente añadir, que cuando el poder soberano recae en el pueblo entero, hablamos de una democracia (o al menos esa es la teoría), y cuando ese poder está en manos de una parte del pueblo, es una aristocracia (a más uno le encantaría que así fuera, reminiscencias de un pasado no muy lejano que a veces se hace presente, incluso los del presente parece que quieran volver a ese pasado). 

Teniendo en cuenta que pensamos, y hasta puede que alguien se lo crea, que vivimos en una democracia, sería conveniente remarcar, el que a mí parecer es la raíz de la mala política de nuestros días: la mayor parte de los ciudadanos tiene suficiencia para elegir, pero no la tiene para ser elegido. Este es el error (o acierto según para quien) más terrible que es imprescindible subsanar mediante una selección por oposiciones o exámenes concienzudos (es lo mínimo para las personas que gobiernan los designios de un país, la vida de millones de personas) siendo cada vez más exigentes en consonancia con el puesto a ocupar (esto ocurre con jueces por ejemplo), porque hay políticos, gobernantes, ministros, alcaldes, altos cargos públicos que jamás tendrían que haber ocupado su puesto porque son mediocres e incluso nefastos a la hora de desempeñar sus funciones, y su horripilante gestión repercute en la vida de miles o cientos de miles de personas. Eso sí, no sé que es lo que ocurre, pero para el que conquista un cargo político en este país, su hacienda y la de los suyos crece a pasos agigantados independientemente de si el país funciona bien o mal. Por tanto, si es blanco y en botella…, al parecer el cuento viene de largo.

Por otro lado, acepto que en los últimos treinta o cuarenta años se han conseguido relevantes avances en igualdad social y avance económico que han hecho que vivamos en un entorno más humano, posiblemente el mayor desarrollo de la larga historia de España; pero esto no nos exime de levantar la guardia y relajarnos en exceso. Ahora, más que nunca, tenemos que exigir una sociedad democrática gobernada por personas realmente preparadas para desempeñar sus funciones públicas (no puestas a dedo), personas honestas y con ambición por trabajar y mejorar nuestra sociedad caminado hacia un entorno común más humano y respetuoso con todos y cada uno de sus ciudadanos, defendiendo la igualdad de oportunidades, la cultura y la educación como base para crear un mundo mejor y próspero. Estos ámbitos imprescindibles, la educación de calidad y la cultura, tienen que estar al alcance de todos de manera pública y universal, asunto este que no le hace mucha gracia a los nuevos aristócratas, prefieren reservarla solo para los suyos, los que ellos consideran la élite social, no vaya a ser que la plebe acabe gobernando gracias a que han conseguido la cultura necesaria y posean la valía e inteligencia para ello. A pesar de que la mayoría pensamos que nuestra sociedad tendría que ir por estos derroteros, la minoría gobernante (los nuevos aristócratas deseosos del poder supremo, permanente e inaccesible para otros) se empeña en hacernos creer que vivimos en un entorno plenamente democrático, cuando en realidad ellos desean y actúan como si fuera una sociedad aristocrática. Ellos son los que gobiernan, y entre ellos se reparten los poderes sin ninguna intención de dejarlos en manos de otros mucho mejor preparados. Les gustaría gobernar de manera vitalicia, pero aquí es donde entramos nosotros, la ciudadanía, con nuestro unitario, humilde y a la vez poderoso voto. De nosotros depende continuar con la aristocracia enmascarada, eso es lo que más temen.

martes, 3 de marzo de 2015

MI LUCHA


El tiempo da y quita razones, pero sobretodo deforma la realidad. Durante este año el Estado de Baviera (titular hasta finales del presente año de los derechos de edición) volverá a publicar Mein Kampf (Mi lucha), libro firmado por Adolf Hitler, en el que se autoproclama Übermensc (superhombre, término acuñado por Nietzsche), al más puro estilo de dictador de Corea del Norte, Kim Il-sung, (Gran Líder y Líder Eterno, incluso desde el más allá gobernará los designios de su pueblo). No quiero establecer paralelismos, ya se sabe, las comparaciones son odiosas, pero resulta inevitable.

En Mein Kampf, se perfilan las ideas principales del truculento régimen alemán. Destaca su amor por el pueblo alemán, el pueblo de verdad, el de la tierra y no los que no son de la tierra, desgrana sus tesis sobre el peligro del "pueblo judío", también proclama que el pueblo alemán tiene que alcanzar el liderazgo mundial y conquistar Europa, que hay hombres que merecen morir (por ser judíos fundamentalmente, pero también por no ser de "la raza"), menciona en repetidas ocasiones el "destino histórico" de su pueblo (el alemán), palabras estas, muy utilizadas por los Grandes y Eternos Líderes nacionalistas (o molt honorable, chirría solo leerlo) de nuestro entorno que, al igual que aquel del bigotito, se sienten superhombres capaces de reconducir el designio de su lastrado pueblo y todo cuanto dicen o hacen son "momentos históricos" dignos de ser escritos con letras de oro para que su amado pueblo pueda recordar quien es el mesías salvador. En fin, volviendo a Mein Kampf, estamos ante un compendio de barbaridades mesiánicas y antisemitas adornado por un consciente y omnipresente desprecio por la vida humana.

Ahora bien, yo me pregunto, ¿por qué publicar un libro que es la base del pensamiento nazi que tantos millones de muertes provocó?. Hay varias posibilidades, la primera que se me ocurre es el "vil dinero". Teniendo en cuenta cómo es nuestra sociedad en la que lo primero es el dinero (por encima de las vidas, esto es indiscutible, cada día vemos en los medios de comunicación cientos de pruebas), parece una buena razón. Supongo que habrán hecho un fantástico estudio de mercado, teniendo en cuenta el clima segregacionista que ahora se respira, entre otros aspectos, por supuesto, y su decisión ha sido concluyente: es un excelente momento para volver a airear el pensamiento nazi. 

Otra posibilidad es que los responsables de la publicación estén como un cencerro y vean bien, sin tener en cuenta los beneficios económicos, publicar semejante libraco saturado de propaganda convulsiva y fetichista, porque en mayor o menor grado les parece un libro entretenido. Dejémoslo ahí, no quisiera añadir "necesario" o "didáctico" porque entraríamos en un terreno demasiado tenebroso, a pesar de todo, los habrá que así lo consideren.

Y por último, existe la posibilidad de publicar algo que consideran histórico y por lo tanto deformable gracias al paso del tiempo. Vuelvo al inicio de este artículo, el tiempo da y quita razones, pero sobretodo deforma la realidad. Pensemos en cualquier imperio, el Romano por ejemplo, tan estudiado y mostrado en miles de libros a lo largo de decenios. El romano, fue un imperio devastador dirigido por dictadores que mandaban ejércitos de huestes que invadían, sometían, esclavizaban, violaban y asesinaban. Con el paso del tiempo, esos dictadores y su acentuado imperialismo bélico ha pasado a ser una especie de cuento, incluso desde el punto de vista cultural está bien visto conocer en profundidad sus desvaríos marciales. A pesar de lo sabido, se han realizado películas y editado libros en cantidades industriales. Parece probable que los que sufrieron la crueldad y barbarie de la invasión romana, no tuvieran muchas ganas de leer sobre el asunto, y menos aun, de como los iluminados emperadores de turno motivaban a sus ejércitos para ampliar sus dominios. 

Juzguen ustedes si es adecuado o no la publicación de Mein Kampf, si es apropiado espolear los delirios inhumanos de un personaje que fueron la base ideológica de un genocidio en toda regla. Publicar Mein Kampf, para tener presente unos hechos que no queremos que vuelvan a ocurrir (a pesar de que a lo largo de la historia de la humanidad siempre se han repetido, solo queda esperar para que vuelva a suceder) o para todo lo contrario, estimular ese segregacionismo creciente y acelerar ese tiempo de espera para que vuelva a ocurrir el desastre. Solo depende de las manos en las que caiga el libro.

martes, 24 de febrero de 2015

LO DICHO ES REAL


Conocemos los que oímos o leemos o vemos, es necesario hacerlo presente, mostarlo, hablarlo, para que exista. Cualquier descubrimiento, cualquier inquietud, cualquier fatalidad, si no sale a la luz, no existe. La prueba más evidente es un asesinato, si no hay cadáver, no hay asesinato. Podemos "creer" que fue esta o aquella persona la culpable, pero sin cadáver, el asesinato no existe, a no ser que el propio asesino confiese (lo hable para que salga a la luz) y testifique dónde y cómo sucedió el fatal acontecimiento.

Algo parecido, o mejor dicho, idéntico, sucede con cualquier fraude, malversación, fechoría o delito en general. Uno puede cometerlo, solo o en compañía (según que compañía, mejor solo), y si te callas, o se callan, ese delito jamás habrá sucedido. Parece fácil, ¿verdad?, esto será lo que piensen los tesoreros, banqueros, políticos y demás jalifas que merodean por nuestras tierras. A todos ellos les recomiendo tener en cuenta: en grupo el asunto se vuelve más peligroso, lo primero porque entre ellos ya se habla del delito, por lo tanto sale a la luz y existe (esto es lo primordial, dotarlo de vida), aunque sea en un grupo reducido, pero existe; y lo segundo es que alguno, más blando de espíritu que otros, se vaya de la lengua y acabe enmerdando a todos, ya sea por un despiste, quizás unas copas de más o una bravuconearía infantil para hacerse el machito, o por una aprensión creciente en el alma al sentirse culpable y terminar cantando como un ruiseñor. Pecar es dulce y la carne humana muy débil.

Es inevitable, hoy en día las fechorías se hacen en grupo, y cada vez grupos más grandes. Como decía, es inevitable que la cosa se acabe filtrando y saliendo a la luz. Cuanto más grande el grupo, más facilidad para la filtración. A veces, la mala suerte juega una pasada, y en un grupo reducido hay uno que es un papanatas y se le escapa, a la mañana siguiente en el bar que suele desayunar para que lo escuche todo Dios, la bravuconearía a las primeras de cambio. Mala suerte, si son tres y uno es un mentecato, es que algo falla y el trullo será su destino en breve. Pero otras veces son muchos los delincuentes, son como un grupo organizado al más puro estilo mafioso, ni el mismísimo Toni Soprano les haría sombra, solo que de cara al público parecen, o quieren hacernos creer, que son gente honrada y dedican su vida por el bien común y la mejora social de los demás a cambio de un salario decente, pero tampoco muy abultado (hay que conservar las apariencias hasta en eso). Estos grandes grupos malhechores están instalados en sociedad al amparo de la ley, incluso en el poder y en cuantiosas ocasiones se hace la vista gorda ante sus múltiples y evidentes vulneraciones constitucionales. Todos tenemos algún referente al respecto, ¿verdad?. Como no podía ser de otra forma, en estos grandes grupos, yo diría "sindicatos del delito" siendo más explícito, se acaban filtrando sus hazañas delictivas y algunos, muy pocos, terminan pagándolo para consuelo de los más necios y para apaciguar a las bestias, que en este caso es el pueblo conocedor de sus delitos. Cuando la verdad (ya sea buena o mala, en general mala) sale a la luz, es cuando existe, se habla de ella y forma parte de todos, la única solución que les queda a estos "sindicatos del crimen" es crear otra verdad que en realidad es falsa, pero esto no importa, puesto que la verdad, solo hay que decirla, hablarla para que exista. Su solución cuando se airean su delitos es decir una mentira, que automáticamente, por el hecho de decirla, existe y se convierte en verdad, o al menos su verdad y la de sus afines, que en algunos casos son muchos. En estos casos, que suelen ser la mayoría, solo queda la capacidad de entendimiento y análisis de cada uno para comprender que el ser humano es como es, y pesar de lo que dice, sus acciones suelen ser contrarias a lo que predica.

Evitar la verdad consiste en evitar que exista y para conseguirlo no hay nada mejor que silenciarla.

martes, 17 de febrero de 2015

POR ENCIMA DE TODO


Este mundo babilónico que nos ha tocado vivir, parece regido por un puñado de multinacionales que, en la la mayoría de los casos, actúan por encima del bien y del mal con el amparo (si no son sumisos y cordiales serían atropellados, esa es la escusa) de cualquier Estado que albergue una mínima esperanza de progresar, ya sea un gran o un pequeño Estado, aunque estos últimos, debido a que su pequeño tamaño le condiciona para competir económicamente con otros más grandes, gustan de cambiar leyes fiscales (ahora lo llaman "ingeniería fiscal", ¿?), para conseguir atraer a las grandes multinacionales o simplemente entre ambos, estado y multinacional, planean la jugarreta de turno que pueda beneficiar a sus bolsillos particulares sin ningún tipo de miramiento ni compasión. Por lo visto, aquí solo impera la ley del dinero, o lo que siempre se ha dicho, la ley del más fuerte. Sí, hoy en día, el dinero simboliza fortaleza, bienestar y progreso, incluso alegría, felicidad y satisfacción. Además, ese dinero tiene que ir en aumento forzosamente (volvemos a la ingeniería económica), porque si no, nos hundiremos poco a poco en la miseria. Esta es la paradoja del capitalismo babilónico e insaciable, siempre quiere más, es lo único importante, cueste lo que cueste, incluso cuesten las vidas que cuesten.

Deducciones en el impuesto de sociedades de hasta el 90%, ciertas ventajas tributarias y fiscales, están a la orden del día en gobiernos de países tan cercanos y europeos (quizá para esto querían ser europeos y pensábamos que la picaresca era española o italiana, menudos pardillos) como Luxemburgo, Holanda, Bélgica o Irlanda. Todos estos "arreglillos" confabulados entre los gobiernos de estos países y empresas como Fiat, Amazon, Starbucks y hasta la empresa con mayor capital del mundo, Apple (algo ayudarán estos chanchullos para ser la número uno), la manzana podrida, son ventajas fiscales que van contra las normas europeas. Pero ¿qué pasa cuando el responsable de esos asuntos de un país, a la sombra hace ciertos apaños fiscales con determinadas multinacionales y más tarde lidera una comisión europea con un cargo de prestigio que requiere total trasparencia y pulcritud como ha pasado con los belgas?, pues que volvemos a la historia de siempre, quien crea las normas, es el que no las cumple. Aun así, los belgas intentan escusarse defendiendo su postura mediante una interpretación de la leyes fiscales un tanto particular, vamos que tiene bemoles el asunto.

Los peores temores se confirman, si tienes dinero es fácil estafar para generar más dinero, incluso tienes el beneplácito de gobiernos tan contrastados como el belga o el holandés. Pero no se preocupen, esto solo afecta un centenar de grandes compañías (casi nada), no solo estadounidenses, en territorio europeo. Esto es lo que ha florecido, imagínense lo que hay debajo de esa espesa capa de mierda putrefacta y si lo multiplicamos a nivel mundial, la montaña de excrementos puede sobrepasar la estratosfera. 

De los 28 estados que forman la Unión Europea (¿unión?) diría que uno o ninguno está libre de culpa. En algunos el asunto es flagrante y llama demasiado la atención, como en los casos anteriormente citados. Hay que acabar con las prácticas de ingeniería fiscal a las que recurren las multinacionales para minimizar el pago de impuestos en Europa amparadas por algunos Estados. El enemigo está en casa, nunca mejor dicho.

martes, 10 de febrero de 2015

BUENA GENTE


Todavía me sorprende la honestidad, entrega y entusiasmo que algunas personas derrochan en su día a día. Por regla general estos tres atributos suelen ir juntos, el que se entrega a sus "que haceres" de manera honesta suele ser una persona entusiasta. En este mundo infectado de chorizos embusteros, abanderados y escudados por los suyos, parece un milagro encontrar todavía buena gente. Echas un vistazo a los titulares de diferentes periódicos, cada día más descarados y cínicos dentro de su ámbito político, o a las noticias que proclaman a los cuatro vientos las cadenas de televisión, ídem que los periódicos, y parece mentira que exista en el planeta Tierra buena gente. Es más, al contrario de lo que se pueda creer, me atrevería decir que la gente buena es mayoría, a pesar del ruido antisocial que acribilla constantemente nuestros oídos. Ese ruido venenoso que entra sigilosamente por la cavidad auditiva sin reventar el tímpano y va invadiendo nuestra débil estructura celular hasta infectarla como si estuviéramos inmersos en un mar de arsénico que a todos nos humedece por igual. A poco que se preste atención llegaremos a una conclusión contraria. En cualquier ámbito social, ya sea hogareño o laboral, festivo o trágico, en definitiva, en cualquier relación interpersonal, podemos encontrar buena gente.

Al entrar en un hospital, por ejemplo, rápidamente ves de qué "palo" va cada uno, como se posicionan las piezas de ajedrez en el tablero, cada una ocupando su espacio y haciendo frente a las otras o relativizando el entorno y conviviendo con armonía. En la espera típica observas y deduces que ese micromundo es un reflejo perfecto de nuestra sociedad. En la recepción, por el trato, el tono al hablar, los gestos y miradas al dirigirse a los pacientes, se puede apreciar en pocos minutos los rasgos principales de esas personas. Lo mismo ocurre con el resto de personal del hospital, pasa una doctora, un enfermero, un celador…, unos siguen su camino con tranquilidad, otros con prisas, otros con desaire…, los hay que se paran y gesticulan, hablan, ordenan, sonríen, resoplan, cada uno con su personalidad, sus manías, sus obsesiones. Tras los veinte o treinta minutos de rigor te haces una pequeña composición de las personas que forman ese micromundo. Los hay altivos, groseros, desdeñosos, pero también amables, simpáticos y humanos, los hay de todos los colores y sabores. En esa espera siempre encuentras esa alma honesta y entregada, paciente y solícita con los demás, capaz de ser fiel a sus sentimientos y convicciones, en dos palabras, buena gente. Por su prestancia otros la envidian y desean hundirla con todo su ahínco, les molesta que tenga buen carácter, que no se aproveche de los demás, que se dedique a lo suyo de manera loable; les molesta porque los que no son buena gente detestan estas acciones, quieren utilizar a los otros, se dedican a discutir y malmeter con frecuencia, y detestan las buenas acciones si no les reportan nada personal. Esto sucede en cualquier ámbito social, he puesto como ejemplo un hospital pero esto sucede en un banco, en un bar, en un mercado, en una fábrica y hasta en una iglesia, menudos son los clérigos, al menos los que yo conozco, claro que, habrá de todo en la viña del señor.

Lo que debería hacer un arquitecto, o un taxista, o un camarero, o un panadero, o un ministro, o un diseñador, o un médico, o un bibliotecario, o un profesor, o un piloto, o un escritor, o un carnicero, o un alcalde, o un agricultor, o un actor, o un alfarero, o cualquier persona en sus asuntos diarios; es hacer lo mejor que sepa y que pueda su trabajo con honestidad, entrega y entusiasmo. La integridad de un hombre se mide por su conducta, no por su profesión. Ya lo dijo Shakespeare, "ningún legado es tan rico como la honestidad".

martes, 3 de febrero de 2015

DE LAS LEYES SOCIALES (I)


Entraremos sutilmente en un mundo típicamente atípico, perpetuo y cautivador, el mundo de Montesquieu. Para él las leyes están sujetas a la naturaleza de las cosas, no son más que relaciones naturales. En este sentido todos los seres tienen sus leyes, los animales, los materiales, el hombre tiene sus propias leyes. La ley, dijo Plutarco, es la reina de todos, decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohiben las leyes, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran antes de trazarse la circunferencia.

Es necesario por tanto admitir que las leyes del mundo físico son mucho más acertadas que las leyes creadas por el hombre (el mundo inteligente), ya que estas no son constantes como las del mundo físico. La razón es que los seres inteligentes son de inteligencia limitada y por consiguiente sujetos a error; por otra parte, está en la naturaleza del hombre que obre por sí mismo. El hombre no sigue las leyes de manera constante como sucede en el mundo físico, de hecho las mismas leyes que crea tampoco las sigue. El hombre como ser físico se encuentra gobernado por leyes invariables, pero como ser inteligente, viola sin cesar las leyes de la naturaleza y cambia las que él mismo estableció. El hombre es un ser limitado, está sujeto a la ignorancia y al error, como toda inteligencia finita. Los débiles conocimientos que tiene, los pierde. Como criatura sensible, es presa de mil pasiones. Los pensadores previenen al hombre mediante las leyes de la moral creadas para vivir en sociedad. Los legisladores llaman al hombre a sus deberes por medio de las leyes políticas y civiles.

Pero el hombre es como es, esclavo de sus deseos, y tan pronto como empieza a vivir en sociedad pierde el sentimiento de flaqueza al ver que la igualdad se asienta entre todos. Esto, inevitablemente, deriva en un estado permanente de enfrentamiento. La posibilidad de ser superior a otro puede más que el sentimiento de igualdad y solidaridad. Este combate pueden ser de dos tipos: entre sociedades y entre particulares. Cada sociedad propia llega a comprender su fuerza; esto produce un estado de nación. A la vez, los particulares, dentro de cada sociedad, también empiezan a sentir su fuerza y procuran aprovechar cada uno para sí las ventajas de la sociedad; esto engendra el estado de lucha entre los particulares. Ambos estados de guerra han hecho necesario que se establezcan las leyes entre los hombres para mantener la paz y el orden entre sociedades y personas, leyes que hay que respetar si fuera necesario por la fuerza para evitar hostilidades.

La ley, en general, es la razón humana en cuanto se aplica al gobierno de todos los pueblos de la Tierra de manera igualitaria y solidaria; y las leyes políticas y civiles de cada nación no deben ser otra cosa sino casos particulares en que se aplica la misma razón humana.

martes, 27 de enero de 2015

RAMAKIEN


No es una marca de teléfono móvil de un país emergente asiático, sino una de las historias épicas más fascinante de la mitología tailandesa. A la altura de la fabulosa mitología griega, Ramakien es un cuento colmado de devoción, romance, magia, aventura, acción, fantasía, dioses, semidioses, monos fantásticos y hasta ogros tremebundos. En el Ramakien el elenco de personajes es espectacular y variopinto, todo es grandioso, incluido el paisaje y el entorno oriental tan enigmático para occidente. Inspirado, como todos los cuentos, en la imaginación del pueblo indio, se fue extendiendo hacia el Nepal, Tailandia, Indonesia, Vietnam y China. Cada región ha adaptado la historia a sus tradiciones y ámbitos, llegando a representarse artísticamente de muy variadas y pintorescas formas, todas ellas impregnadas de un cariz oriental.

El Ramakien es la epopeya nacional de Thailandia, que proviene de la épica hindú Ramayana. La palabra se deriva de la palabra sánscrita Ramakhyan donde Akhyan significa "una larga historia o épica". La versión tailandesa de las leyendas fueron escritas en el siglo XVIII, durante el reino de Ayutthaya, a raíz de la caída del gobierno de Sukhothai. La historia reconocida hoy fue compilada en el Reino de Siam, bajo la supervisión del rey Rama I, el fundador de la dinastía Chakri, que todavía mantiene el trono de Tailandia. Entre los años 1797 y 1807, Rama I supervisó la redacción de la edición conocida e incluso escribió algunas de sus partes. También fue durante el reinado de Rama I que comenzó la construcción del tailandés Gran Palacio de Bangkok, que incluye los terrenos del Wat Pra Kaew, el templo del Buda de Esmeralda. Las paredes de la Wat Pra Kaew están lujosamente decoradas con pinturas que representan escenas del Ramakien. Son un ejemplo de la grandiosidad de esta historia que ya se escuchaba dos milenios atrás. 

La trama es más o menos así: El príncipe Rama es desterrado de su reino por orden de su malvada madrastra. Rama y su amada Sita se ven obligados a vivir a la intemperie, en el bosque, donde ella es vilmente raptada por el rey de los ogros, el temible Ravana. Rama, con la ayuda de su hermano, en un acto de nobleza y caballerosidad, se lanza a la arriesgada misión de rescatar a su amada. Para alcanzar el éxito de tan peligrosa empresa logra el apoyo del rey de los monos mágicos liderado por el dios-rey Hanuman. Tras enfrentarse con el imponente ogro Ravana, el príncipe Rama consigue liberar a su amada, como no podía ser de otra manera.

El Ramakien de Rama I es considerada una de las obras maestras de la literatura tailandesa y se ha convertido en un componente fijo de su cultura. Todavía se lee y se enseña en las escuelas del país. Esta preciosa historia tradicional tiene grandes similitudes con otras narraciones épicas tradicionales de cualquier parte del mundo. Parece ser que el ser humano, tiene pocas ganas de ser humano.