viernes, 12 de abril de 2013

AGUA


Más del 60% de nuestro cuerpo es agua, simple agua. En los bebés el porcentaje se dispara hasta el 85%, casi te los puedes beber. Esto pone de relieve la absoluta necesidad de hidratarnos. Y cuando digo hidratarnos me refiero a agua. No hablo de hidratarse con una deliciosa y fresquita cerveza o con un chispeante y helado gin-tonic.

Al leer esta última frase percibimos que precisamente no es agua lo que más nos gusta. Algunas marcas han intentado vender agua "con sabores". Buen intento, pero si la pruebas no sabes si bebes "aguachirri" o agua con "no se que", en fin, que no hay por donde cogerlo. El agua es agua y cuando necesitas agua tienes muy claro lo que quieres.

Esta claridad de necesidad y decisión es básica e importantísima. Imagina que tu cuerpo necesita agua y le das otro líquido como ginebra o gasolina. Esta pequeña disfunción nos puede provocar graves problemas. 

También podemos percibir las necesidades de la naturaleza. Si una planta amarillea se está secando, por tanto necesita agua y la regamos. Somos capaces de ver las necesidades de nuestro entorno natural. En la sociedad, con las personas ocurre lo mismo, también percibimos sus necesidades. Pero aquí miramos hacia otro lado, dejamos que se vaya secando poco a poco sin pensar que todos necesitamos agua. Todos somos agua.

martes, 9 de abril de 2013

SAMPEDRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS


José Luis Sampedro nació en Barcelona en 1917. A los 4 años se traslada a Targer con sus padres, su padre era médico militar. A los 13 fue enviado a un pueblo de Soria a casa de un familiar. Aquí nació su afición por la literatura, leyendo sin parar los clásicos de aventuras. En 1936 mientras trabaja en Santarder, en aduanas, estalla la guerra civil. Militó en los dos bandos y de los dos salió escarmentado. Era "fusilable" por ambos bandos. En 1954 publicó su primera novela. Fue un gran economista, sociólogo, filósofo y escritor. Para siempre tendremos entre nosotros libros como La sonrisa etrusca o El río que nos lleva. Su última aportación es el prologo y un capítulo de ¡Indignados!, de Stéphane Hessel. El 8 de abril de 2013 falleció en Madrid a los 96 años, de manera sencilla y sin ruido, como el quería. 

Aquí remito algunos de sus pensamientos:
"Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres". Eso dijo José Luis Sampedro después de recordar sus tiempos como Catedrático de Estructura Económica en la Universidad Complutense de Madrid y los cursos llenos de futuros ministros de Hacienda: Boyer, Solchaga, Solbes, Salgado... Todos alumnos suyos.

José Luis Sampedro tenía un sentido del humor que solo se nublaba cuando hablaba del presente: de la degradación de la enseñanza pública a favor de la privada; del plan Bolonia como extinción de una universidad "nacida para saber y no para hacer", "para ganar dinero". Han rendido la universidad, afirmó, a la productividad, según él, una de las "diosas de hoy", a las que todo se sacrifica. Las otras dos, añadió, son la competitividad y la innovación.

"Cada cultura ha tenido su referente. Los griegos, el hombre; la Edad Media, Dios; ahora, el dinero. Para mí el referente es la vida. Hemos recibido una vida y vamos a vivirla hasta el final. Pero para eso necesitamos la libertad, para que esa vida sea la nuestra y no la que nos mandan tener". Y añadió: "La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada. Sin cuerda no vuela, y esa cuerda que facilita el vuelo pero se resiste al viento es la fórmula clásica de la revolución francesa: libertad, igualdad y fraternidad. En 2000 años hemos progresado técnicamente pero seguimos aislados en tribus, salvajes, matándonos unos a otros".

El Premio Nacional de Las Letras 2011 ha recaído en un hombre que aboga por una economía "más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos", para quien la "productividad, competitividad e innovación" deberían ser sustituidas por "vitalidad, cooperación y creación".

En una estrevista:
¿Qué le sugiere que en el siglo XXI se declare santo a Juan Pablo II, fallecido hace cinco años? Hay una gran diferencia entre verdad y creencia. La verdad es la que podemos comprobar, y las creencias pertenecen a la zona imaginaria.

Obviamente, no es creyente. Yo no puedo decir si hay Dios o no. Creo que no, pero no tengo seguridad. Ahora, tengo la seguridad de que el Dios que nos vende el Vaticano es falso, y lo compruebo leyendo la Biblia con la razón y no con la fe. Cuando creemos lo que no vemos, acabamos por no ver lo que tenemos delante.

¿El amor es el consuelo del agnóstico? La gente suele identificar el amor con el hecho de hacer el amor, y piensa que a mi edad no tiene sentido. Claro que lo tiene. La compenetración, el afecto, el saberse sin hablar. Para mí, eso es más que siete Nobel. El goce de la vida no es cuestión de cantidad, sino de sensibilidad, intensidad, compenetración. La ternura da una intensidad profundísima. Y para eso no necesito el alma, tengo la mente. El cerebro, a base de combinar ideas como hace, peor, un ordenador, construye un mundo mental que da las sensaciones que se atribuyen al alma. Yo tengo memoria, algún entendimiento y voluntad. El mundo es energía. Todos tenemos una chispa. A lo que llaman alma, yo lo llamo mente.

"Los que tienen poder quieren más poder; los que tienen dinero, más dinero; los banqueros que están forrados quieren sueldos más altos, y a la vez le dicen al obrero que hay que trabajar más y cobrar menos, ¡pero bueno! ¿Por qué no se para un rato la rueda y se reflexiona? Porque a los que mandan no les conviene, por eso no favorecen el pensamiento crítico, sino el transmitido por sus medios y por la educación, porque eso empieza en la niñez. Ahora lo de Bolonia es entregar la Universidad a los financieros e industriales. Y se estudiará lo que convenga para producir más."

 "Hay que reeducarse para no ser meros productores y consumidores como pretende el sistema. Hay que razonar primero y crear después. Si hay libertad de pensamiento, habrá libertad", ha dicho Sampedro.


lunes, 8 de abril de 2013

PAPER FOR EVER


La nueva directora del diario Le Monde, Natalie Nougayrède, afirma que "el papel no desaparecerá". No se si se refiere al papel de los diarios, al de la cocina o al de limpiar las partes sacras. Según este mismo orden podemos establecer una lista de papeles que desaparecerán según rigurosa necesidad. 

Por descontado, el que tiene "más papeles" (fíjate tu, gracias al papel podremos decir esto) para desaparecer es el diario, por mucho que Natalie diga lo contrario. Al menos en la sociedad occidental donde quieren meter los ordenadores y las pantalla táctiles hasta en la ducha. Al final resultará que cuando te duches de buena mañana tendrás la posibilidad de leer el diario digital en la pantalla incrustada en la pared de tu cuarto de baño.

En segundo lugar creo que iría el papel de la cocina, se puede sustituir por trapos o telas. Esto abría que estudiarlo. Limpiar una mancha de aceite en el "Silestone" ¿con papel o con la bayeta? De aquí nace otra duda, ¿las servilletas de papel o de tela? Si se ponen muy pesados, la mancha se puede limpiar con la bayeta y las servilletas de tela, como antaño. Ahorramos en papel, en árboles y mejoramos un 0,03% nuestra atmósfera.

Y en tercer lugar, al menos para mi humilde parecer, estaría el papel higiénico (no se de donde viene este nombre, como si el resto de papeles no fuera higiénico). Después de ese momento "all bran", que dicen en algún anuncio, es inevitable utilizar el papel. A ser posible un papel suave y mullido. Siempre está la posibilidad de hacer lo que hacen en el mundo árabe, limpiarse con agua y supongo que utilizando la mano también. Esta opción la veo un poco húmeda y a mi tanta humedad me irrita la piel. También podemos limpiarnos con una piedra, como decía mi abuelo que a veces se hacía en el campo. Siento no compartir con él esta dura opción, sigo prefiriendo el papel suave y mullido.

Creo que al final Natalie tiene razón "el papel no va a desaparecer".

viernes, 5 de abril de 2013

PINOCHILANDIA


Mirando el panorama actual de nuestra sociedad podemos llegar a la conclusión de que Pinocho era un tontín, un aprendiz de mentiroso si lo comparamos con cualquier de los personajes que "okupa" los medios de comunicación de este país. Su principal rasgo identificativo es que con pruebas concluyentes de su culpabilidad, siguen diciendo "no".

Lo primero y primordial es negarlo rotundamente y que el tiempo vaya pasando. Siempre están respaldados y asesorados por los mejores abogados. Los pueden pagar con el dinero que se ha reproducido por esporas en sus lujosas casa. Si llegan a estar imputados lo siguen negando y por descontado ponen cara de tremenda sorpresa. Se les ve afectados, claman justicia al cielo e incluso tienen la desfachatez de denunciar, a quien haga falta, por el deterioro de su sacrosanta imagen. 

Si son procesados continúan negando y exponen que todo es un burdo montaje. Piensan que el resto de la población es imbécil. No hay otra explicación para actuar de esta manera. 

Si son condenados…. bueno creo que ahora no recuerdo a ningún condenado de este nivel. Y eso que el "número uno" dijo que la justicia es igual para todos.

La mentira forma parte de sus vidas de manera constante y habitual. Es algo normal. Su oficio es mentir para enriquecerse. Son Pinochos profesionales y no son de madera. Si el florentino Carlo Collodi levantara la cabeza vería como su obra ha influenciado en nuestra sociedad hasta el punto de parecer que vivimos en Pinochilandia.

martes, 2 de abril de 2013

EN EL ASIENTO TRASERO DEL SEAT 124


Recuerdo cuando viajábamos al pueblo en el coche de mis padres. Dulces recuerdos y plácidos viajes. Viajes sin prisas, viajes alegres. Solíamos salir pronto, a eso de las ocho o las nueve de la mañana. Para trescientos quilómetros parábamos a mitad de camino más o menos, en una especie de área de descanso que tenía una locomotora antigua a modo de monumento. En este área situada en medio de Ávila, Segovia y Salamanca, nunca he sabido exactamente donde estaba, había un pinar con unas mesitas de piedra y a lo lejos las llanuras castellanas. Mi madre, que era la encargada del rancho, tenía preparado casi siempre tortilla de patatas en un "tupper". Naturalmente estaba fría, pero estaba buenísima. Todo en este viaje era buenísimo. Nada más salir de Madrid la ilusión y la felicidad se veía en nuestras caras. Era verano, mis padres jóvenes, fuertes y con salud. Sus tres hijos estaban en el asiento trasero del Seat 124 blanco, con una ilusión desmesurada. Después de la gustosa parada y el "pipí" de rigor continuábamos hacia nuestro destino, sin premura, disfrutando del viaje y del momento. Mis padres hacían algún comentario como "de este pueblo que hemos pasado es el marido de Celia". Sin darnos cuenta llegábamos a la tierra prometida, siempre antes de la hora de comer. Aquí comenzaba un mes de vacaciones, aquí comenzaba un mes de felicidad.

Los años han pasado y estos viajes han cambiado. Para trescientos quilómetros a nadie se le ocurre parar y menos en un lugar sin restaurante, gasolinera, lavabos, zona de recreo, parking y zona vigilada con cámaras de seguridad. Los viajes de ahora son diferentes. Parecen menos naturales, más robotizados. Sólo hay prisas por llegar. 

Esto es un reflejo de lo que ha pasado en nuestra sociedad en todos los ámbitos. Los que tuvimos la suerte de poder vivir el pasado de hace sólo treinta o cuarenta años, podemos ver que la aceleración social que vivimos está lastrando nuestra minúscula pero querida existencia.


viernes, 22 de marzo de 2013

DE JADRAQUE A GABÓN


Por estas fechas en la que se aproximan las vacaciones abundan este tipo de conversaciones:
- A mi siempre me gusta aprovechar las vacaciones -afirma Pedro con rotundidad, un tipo de mediana edad y complexión atlética- conocer lugares nuevos, culturas diferentes, en fin, buscar emociones más sugerentes.
- Eso va un poco a gusto de cada uno, yo prefiero ir al pueblo, tranquilidad, relajación, naturaleza y descanso -contesta Natalia, una cincuentona que lleva haciendo lo mismo durante 30 años.
- Este año me voy a Gabón -continua Pedro- una especie de aventura, será emocionante. Aterrizamos en Libreville, la capital, después tenemos pensado recorrer el país con un guía autóctono y alojarnos donde podamos. Recorrer el parque de Wonga Wongue, el Waka Park y no se que más sitios. Es posible que encontremos animales salvajes, elefantes, leones y cosas así. 
- ¡Uff, eso suena muy fuerte! ¿Y donde está Gabón? -pregunta Natalia.
- Pegado a el Congo, por la mitad de África.
- ¡Ah!, ya me hago una idea! ¿Y no parece un poco peligroso?
- Mejor no pensar en eso, la aventura es la aventura.
- Me da la impresión de que te juegas la vida cada vez que te vas de vacaciones, para mi eres como Indiana Jones.
- ¡Va, va, tampoco es para tanto! -aunque a Pedro le gusta pensar lo contrario.
- Pues yo me voy a Jadraque. -dice orgullosa Natalia.
- ¿Y eso está por…?
- Este "pueblazo" está cerca de Bruhuega y Trijueque, en Guadalajara. Una maravilla, con su catillito, su miel y sus calles empedradas, todo caramelizado con un sol primaveral inigualable y su gente sencilla y amable.
- ¿Y los leones y elefantes? -pregunta Pedro en tono sarcástico.
- Pues mira, Manolo el del bar de la plaza tiene el apodo de "el elefante", si quieres vas y le preguntas ¿por qué? Y leones creo que no hay ninguno, pero Carmen, la del "súper" de atrás de la Iglesia, tiene todas las pintas ser una leona, eso es lo que dice Manolo "el elefante" que de esto entiende.
- Parece mentira, menuda fauna tenéis en Jadraque.
- Más o menos como en Gabón.

miércoles, 20 de marzo de 2013

PRIMATES AGRESIVOS


Somos primates agresivos, mucho mas peligrosos que los gorilas o los chimpancés, llevamos la crueldad y el ansia de dominación en el cerebro, por no hablar de esa parte más antigua que es la de nuestros antepasados los reptiles. Todo está en Darwin, para nuestra desgracia. Y no me cuentes esa teoría de ahora, que para la evolución de la especie ha sido más útil el instinto de cooperación que la lucha por la vida y la supervivencia de los fuertes. Cooperan unos primates para aplastar a otros, y el que se queda fuera está condenado.

Todos somos primates con nuestro instinto de supervivencia en alerta constante. Sin darnos cuenta, o dándonos, pisoteamos y humillamos. Creemos que esta es la manera de avanzar, de alcanzar el fin. 

Unos primates son más agresivos y violentos, se les ve venir con más facilidad y aun así machacan con soberbia y despotismo. Otros son más sutiles y delicados, más peligrosos porque parece que no tienen ese instinto cruel y dominante que vive aletargado en su cerebro de homínido, pero son todavía más despiadados que los primates agresivos. Son implacables, impostores, manipuladores y exterminadores. Todos se jactan de hundir y aniquilar a otros. No se salva ni uno, va en su ADN.

Darwin nos dejó un trágico legado. Nos dejó claro lo que somos, primates agresivos.